S. Lorenzo mártir
SU CARIDAD ES CONSTANTE
El gran amor del Señor nunca cesa; su misericordia jamás tiene fin (Lm 3,22). Desde la fe confesamos que en Dios «su caridad es constante y sin falta» (2 Co 9,9). A veces nos parecerá que el amor de Dios se eclipsa; pero detrás de las circunstancias más terribles (terremotos, riadas, ruinas…) y detrás de la misma muerte, la caridad de Dios es constante, acogedora, sin falta, omnipresente e indefectible.
El amor de Dios envuelve con la misma ternura al sano y al enfermo, al que ríe y al que agoniza, al contemplativo y al mártir. «El gran amor del Señor nunca cesa», y «ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rm 5,5).
Una vez que el amor de Dios toma el mando en nuestras vidas, tiende a crecer en nuestros corazones y así «se multiplica la cosecha de nuestra caridad» (1 Co 9,10). Entonces resulta más fácil amar a todos «a lo Dios», sin límites; amar a los que nos critican y atacan, amar a nuestros enemigos. Hay que derramar ascuas de caridad sobre sus cabezas (Rm 12,20), devolviendo bien por mal. Así seremos hijos de nuestro Padre que está en los cielos y llueve sobre justos e injustos.
El que ama da la vida por sus amigos (Jn 15,13) y por sus enemigos, como Cristo lo hizo y como San Lorenzo. Cristo vive en el amor total y nosotros, sus discípulos tenemos que vivir y estar donde Él está (Jn 12,26). Y Él siempre está en el Amor, en la entrega continua por nosotros. Ayúdanos, Señor Jesús, a vivir en tu amor constante y sin falta, perseverando en tu servicio hasta el martirio.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.