Ntra. Sra. de Guadalupe
Jueves 2ª Semana de Adviento (Ciclo C)
LA MANO DE DIOS LO HA HECHO
«¡La mano de Dios lo ha hecho!» (Is 41,20), es la exclamación maravillada del creyente. Fue el Señor el que nos agarró de nuestra diestra y nos dijo: «No temas, gusanito de Jacob» (Is 41,13-14), cuando veíamos que nos estábamos hundiendo. Fue la mano del Señor la que nos sacó del pecado y Él fue quien hizo de Redentor nuestro (Is 41,14) en la persona de Jesús.
El Señor nos hizo «trillo aguzado, nuevo y dentado para triturar montes» de dificultades, y «hacer paja las colinas» (Is 41,15) de doctrinas falsas y de enseñanzas equivocadas. La mano de Dios «alumbró ríos de agua viva en la cumbre pelada» (Is 41,18) del Calvario, donde Cristo murió por nosotros; puso manantiales de vida en medio de las vaguadas, que se volvieron fértiles con frutos de santidad, por obra misericordiosa y grande de nuestro Dios. Los valles se han llenado de cosechas abundantes de buenas obras, «porque la mano del Señor lo ha hecho y el Santo de Israel ha creado» (Is 41,20) la nueva y sobrenatural vida de los hijos de Dios.
Con la ayuda omnipotente de Dios los débiles se hacen fuertes, luchan con la fuerza de su Señor por el Reino de los cielos y lo arrebatan con esfuerzo: «los esforzados se apoderan de él» (Mt 11,12). Con la colaboración humana a la gracia y con la obediencia a Dios, crecen los grandes santos y profetas ante los ojos de Dios: Elías, Juan el Bautista y otros, que son grandes en el Reino de los cielos (Mt 11,12). Santa María, nuestra Señora de la Esperanza, es la más grande a los ojos de Dios, porque nadie ha sido su colaboradora, tan grande y fiel, hasta poder engendrar al Hijo de Dios y dárselo al mundo. Nadie ha intercedido como ella con Jesús por sus hijos los hombres y nadie ha dejado actuar a Dios en su vida con tanta plenitud como María hasta convertirse en Madre de todos los creyentes. Y nadie ha acompañado a Jesús con tanta fidelidad como ella.
Santa María de la Esperanza: intercede por nosotros ante el trono de Dios para que nos de su mano poderosa en la lucha por el Reino de los cielos. Señor Jesús: ayúdanos para que con el oro, acendrado al fuego de tu Espíritu, que nos mandas comprar, y con la blanca túnica de tu santidad, hagamos obras de amor y salgamos victoriosos con tu triunfo en la lucha por tu Reino. Amén.
«Mi mano poderosa os ayuda para que triunféis en el combate por el Reino de los cielos. Mi mano poderosa os sostiene para que seáis esforzados en la lucha por la santidad y por la vida eterna. No os rindáis al cansancio. Quiero haceros grandes en mi Reino por vuestra fe y amor y por vuestra entrega generosa a mi tarea salvadora».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J