Jueves 12 de octubre

12.10.23

Jueves de la 27ª Semana

Virgen del Pilar
SAGRARIO DE DIOS: MARÍA

Vivimos en un mundo, prisionero del pecado, que espera que se cumplan las promesas de Dios en el que cree (Ga 3,22). La promesa de Dios a la Sión o Jerusalén terrena, que decía: «el Señor habitará en Sión» (Jl 3,21), se cumple en plenitud en María, la nueva Sión y nueva Arca de la Alianza eterna. El Arca antigua fue transportada por el desierto, en el campo de batalla, a casas particulares como la de Obebedón y al Templo de Jerusalén (1 Cr 16,1).

María nueva Arca de la Alianza, es transportada hoy por Dios a cada templo de la cristiandad, donde se la invoca, a cada hogar donde se reza su Rosario, a cada corazón que la venera con amor y con respeto, y a tantos lugares de apariciones marianas comprobadas como en Lourdes o en Fátima. En Zaragoza, Dios transportó a María en su vida mortal, para ofrecer consuelo y alentar a Santiago, el hijo del Zebedeo, en un momento de prueba, según refiere una vieja tradición oral.

En la espera pentecostal del Espíritu, María está presente en el Cenáculo como en casa de oración, con los apóstoles (Hch 1,14). ¡Qué hermoso es que María hoy presida los cenáculos familiares, plurifamiliares y parroquiales de oración, para que en ellos el Arca nueva de Sión atraiga la presencia del Espíritu en medio de sus discípulos como el día del primer Pentecostés! Donde está María, allí está siempre presente Jesús con su Espíritu. Donde María ora, allí Jesús y su Espíritu escuchan. Donde Dios hace maravillas por medio de María, allí está actuando el poderoso Espíritu divino. Donde María se hace presente, allí el Padre se hace presente con su Hija predilecta, Arca y Sagrario del Dios altísimo. Por eso, al estar cercanos a María, estamos en la cercanía de la Trinidad de Dios.

María no es sólo dichosa porque llevó en su seno al Hijo de Dios (Lc 11,27), sino, sobre todo, porque es Templo santo de la Santísima Trinidad, sometido siempre al querer soberano de Dios. María es dichosa porque desde la fe acogió en su seno al Hijo de Dios, Palabra eterna, y Le vivió en entrega y servicio total. Cuando el Espíritu Santo more también en nosotros en plenitud como en María, Sagrario de Dios, seremos bienaventurados.

¡Gloriosa y bienaventurada Señora del Pilar: haznos vivir en unión contigo, con tu Hijo y con el Espíritu Santo!

Ayúdanos a ser templos de la Trinidad Santísima y santificadora a imitación tuya. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.