Jueves 14 de diciembre

8.12.17

PEQUEÑOS Y GRANDES ANTE DIOS

Se marchitan y mueren las flores del campo y los hombres que pueblan la tierra, «Gusanitos de Jacob» (Is 41,14) somos nosotros, tan pobres y tan débiles, que nada podemos contra la muerte y contra el mal sin la ayuda de Dios. Sólo por el poder de Dios somos grandes, cuando Él nos invade con su Espíritu como a Juan el Bautista, que quedó santificado por al Espíritu Santo ya en el seno de su madre y, por eso, fue grande ante los ojos de Dios (Lc 1,15). Juan, diminuto aun en el seno de Santa Isabel, es grande por estar lleno de Espíritu Santo y por ser un nuevo Elías, que precederá a Cristo, su Señor (Mt 11,14).

También el más pequeño en el Reino de los cielos será grande (Mt 11,11), incluso superior al Bautista, por ser hijo de Dios y nacido del Espíritu Santo. Antes de Juan nadie podía apoderarse del Reino de Dios; tras la Redención de Cristo, «los esforzados se apoderan de él» (Mt 11,12) y, en este sentido, son superiores al mismo Juan.

El hombre sólo será verdaderamente grande, cuando Dios more en él y actúe por su medio: «Que vean y conozcan, reflexionen y comprendan de una vez que la mano de Dios lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado» (Is 41,20). Los carismas y los dones no son nuestros; son de Jesús, que está en nosotros y hace un único cuerpo con nosotros. Así, Él es quien bautiza, quien consagra, quien perdona, quien cura y hace milagros, Él es, el único grande en nosotros, los pequeños y débiles, que sólo somos grandes en Él y por Él.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A  –  Ceferino Santos S.J.