Jueves 19 de septiembre

19.09.24

Jueves de la 24ª Semana

LA GRACIA DE DIOS CONMIGO

Es la gracia de Dios y no son nuestras cualidades humanas las que hacen cosas grandes en el mundo del Espíritu. Por la gracia de Dios podemos trasmitir la doctrina sana de Jesús: que Cristo murió por nuestros pecados y resucitó al tercer día (1 Co 5,3-4). Pablo por la gracia de Dios es lo que es: apóstol de Cristo, y la gracia de Dios no se ha frustrado en él, y, por eso, ha trabajado intensamente (1 Co 15,10a). San Pablo reconoce, sin embargo, que «no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo» (1 Co 15,10b) la que ha realizado el trabajo apostólico.

El perdón de los pecados es gracia del Señor. Él toca nuestros corazones para el arrepentimiento. Como no tenemos con qué pagar nuestras deudas (Lc 7,42), nos perdona el Señor por los méritos de la pasión de su Hijo. Al que Dios perdona más, le ama más (Lc 7,43). La mujer pecadora amaba a Jesús tanto porque se sentía perdonada como por haber sido antes muy perdonada por el amor de Dios. El perdón era gracia, el amor posterior al perdón era gracia, y el amor, previo al perdón, fue también gracia inmerecida de Dios, que por el amor contrito y arrepentido borra nuestros pecados.

Confío, Jesús, en que tu gracia va a realizar maravillas en mis hermanos y en la Iglesia, Te doy gracias, Señor, por tus dones gratuitos e inmerecidos por nosotros. Tú eres el que nos transformas de pecadores en santos, de ociosos en evangelizadores y apóstoles, de tibios en fervorosos y carismáticos, porque tu gracia hace maravillas en nosotros.

«Tened mucho amor a Mí y mi gracia abundará en vosotros. No descuidéis los dones que os he dado y os salvaréis vosotros y los que os escuchan. Os atraigo hacia Mí con lazos de amor».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.