Jueves de la 30ª Semana
Los fieles difuntos
ORAR POR LOS DIFUNTOS
Orar por los difuntos es una piadosa y antigua costumbre. Judas, el Macabeo, hizo una colecta para que en Jerusalén se hiciesen oraciones y sacrificios por los caídos en la batalla (2 Mc 12,43), pues «es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados» (2 Mc 12,45).
«La Iglesia peregrina y militante, perfectamente consciente de la Comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo… honra con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofrece por ellos oraciones» (CatIC #958). La única satisfacción suficiente y condigna por los muertos que dejaron ya de merecer en este mundo, es la de Cristo, Redentor de todos los hombres; pero, en cuanto que estamos incorporados a Cristo como Iglesia militante, también nosotros podemos ofrecer una satisfacción imperfecta, pero congrua o conveniente por nuestros difuntos.
«Nuestra oración y sacrificios por ellos pueden no solamente ayudarlos, sino también hacer eficaz su intercesión en favor nuestro» (CatlC #958).
La Iglesia peregrina ofrece por los fieles difuntos en vías de purificación, esto es, por la Iglesia purgante, las indulgencias, que les libran de las penas temporales debidas por sus pecados (CatIC #1032). Sobre todo, ofrecemos sufragios en favor de los difuntos y, en particular, el sacrificio eucarístico, de infinito valor, para que una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios (CatIC #1032).
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.