Mateo, apóstol
LA UNIDAD DEL ESPÍRITU
El Espíritu de Dios busca mantener la unidad con el vínculo de la paz (Ef 4,3) entre los seguidores de Jesús. La humildad, la amabilidad, la comprensión, el sobrellevarse unos a otros con amor (Ef 4,2) favorece a la unidad del Espíritu en la comunidad cristiana.
Cristo constituyó la diversidad de oficios y de ministerios en la Iglesia: apóstoles y evangelistas como San Mateo; profetas, pastores y maestros (Ef 4,11), no para que vivamos divididos, sino para que lleguemos a la unidad de la fe en el conocimiento de Cristo, el Hijo de Dios (Ef 4,13).
Estamos llamados a ser un solo Cuerpo y un solo Espíritu (Ef 4,4); sin embargo, el Cuerpo de Cristo, su Iglesia, está roto por nuestras divisiones. Decimos que amamos a Cristo, el único Señor, pero no amamos a los que Él ama y llama miembros suyos. Con esta conducta herimos a Cristo en la persona de nuestros hermanos.
Jesús logró convocar en unión a Mateo y a sus apóstoles, a pecadores y a publicanos (Mt 9,10) en torno a una única mesa. Deberíamos alegrarnos de que Jesús llame a los pecadores (Mt 9,13) y les ofrezca esta unidad en Cristo. Pero, a sus espaldas, brota la crítica y la desunión: «¿Cómo es que vuestro Maestro come con publicanos y pecadores?» (Mt 9,11).
El plan de unidad en Cristo sigue en pie: «Una sola es la meta de la esperanza… a la que habéis sido convocados» (Ef 4,4). En el cielo, Dios convocará a todos sus fieles en una única mesa, en un único cuerpo y en un único Espíritu. Allí ya no habrá divisiones ni Iglesias desunidas, como ahora.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.