Jueves 22 de agosto

22.08.24

Jueves de la 20ª Semana

María Reina

LA BODA DE SU HIJO

El Padre nos invita a la Boda eterna de su Hijo Jesús con nuestra humanidad (Mt 22,2). Cristo asume su propia naturaleza humana en unión indivisible y personal con el Verbo de Dios. N os invita también a todos a formar parte de su Cuerpo total, uniéndonos a Él en desposorios perpetuos: «Venid a la Boda» (Mt 22,4). Y la boda es nada menos que con la divinidad de Jesús, hijo de Dios.

La preparación para la boda requiere «traje de fiesta» (Mt 22,12). No puede uno acercarse a la Boda del Dios tres veces santo, vestido con los harapos del pecado. Dios nos «mostrará la santidad de su gran nombre» (Ez 36,23) y nos preparará para acercamos limpios a su santidad. «Derramará sobre nosotros un agua pura que nos purificará de todas nuestras inmundicias» (Ez 36,25). Nos «dará un corazón nuevo y un espíritu nuevo» (Ez 36,26), como arras para la boda y para que seamos, capaces de amar dignamente al Esposo divino con su mismo Espíritu de amor. Él nos hará su pueblo de amor para siempre y Él será nuestro Dios (Ez 36,28).

No podemos negarnos a la invitación universal de amor en las bodas del Hijo de Dios. «A todos los que encontréis, invitadlos a la boda» (Mt 22,9). La gran tragedia es que algunos no quieren participar en las Bodas con Dios…, o participan indignamente sin prepararse.

Señor Jesús: gracias por el amor que nos muestras invitándonos a vivir tu boda, tu banquete y tu vida. Perdona, Señor a los que Te rechazan, porque no saben lo que hacen y no conocen tu amor. Dales el deseo de Ti y tu luz para que acudan a tus bodas.

«Mi amor infinito os espera cada día. Si vivís sin mi amor nupcial, vais a la muerte. Vivid para el amor gozoso de mis Bodas eternas».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.