Jueves 1 ª Semana de Cuaresma
La Cátedra de S. Pedro
OTROS, COMO PASTORES Y MAESTROS
Dios reparte sus dones y ministerios diversamente en la Iglesia: “Él mismo dio a unos ser apóstoles…, a otros, pastores y maestros” (Ef 4,11). No todos están llamados en la Iglesia al pastoreo o al magisterio: “Sois demasiados los que pretendéis ser maestros; tened por cierto que nuestra sentencia será más severa” (St 3,1), escribe Santiago en su Carta. No todos tienen la lengua ungida para anunciar los misterios de Dios. Simón Pedro sí recibió esa unción en su lengua y en su mente para ser maestro y proclamar de Jesús: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16,16). El Padre, que está en el cielo, se lo reveló a Simón, el pescador de Galilea, y este llegó a ser maestro de la Verdad y garante de la fe de sus hermanos, que confirmó desde su Cátedra en Roma, hasta su muerte martirial.
A otros, Dios los elige para ser pastores del rebaño de Cristo (1 P 5,2) y les encarga del cuidado pastoral delegado de los que les encomienda. Todos dependen del Sumo Pastor (1 P 5,4), que es Cristo. El pastor de almas, que habla en nombre de Cristo, es reconocido por sus ovejas. Pedro fue buen Pastor del rebaño de Cristo. Lo gobernó con generosidad y amor (1 P 5,2b). Cumplió el mandato de Cristo: “Apacienta a mis corderos”; “Apacienta a mis ovejas” (Jn 21,15-16). Cuando los dones de pastor y de maestro se reúnen en una misma persona, su ministerio eclesial recibe una singular eficacia. Por eso, nos atrevemos a pedirle a Cristo que nos de santos y eficaces pastores y maestros, como San Pedro y San Pablo.
¡Bendice, Señor, al Pastor y maestro que hoy se sienta en la Cátedra de Pedro, como su sucesor! Que entendamos y aceptemos sus mensajes de vida y su doctrina de verdad. Danos, Jesús, muchos maestros de tu amor que nos apacienten en tu verdad.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.