Jueves 2ª Semana
TÚ ERES EL HIJO DE DIOS
El Hijo de Dios ha venido a nosotros. Él se entregó como víctima por nosotros, libremente y por amor.
El que no ama no se entrega a sí mismo por los demás; prefiere sacrificar a otros como víctimas de su odio. Saúl, por envidia al David triunfador en las batallas (1 S 18,8), quiere quitarlo de en medio y lo busca para matarlo (1 S 19,2). Por eso Saúl no agrada a Dios ni le reconoce como Señor. Dios nos llama a morir a nosotros mismos; pero no a disponer de la vida de los demás ni a matarlos. Como Cristo se entregó por nosotros, nosotros tenemos que entregarnos a Él, como Hijo de Dios, en el servicio a los demás.
Cristo vive entregado a nuestro servicio, curándonos y liberándonos de los espíritus inmundos (Mc 3,10-11), que quisieran invadir la tierra. Pero ellos también son sometidos al que reconocen como Hijo de Dios (Mc 3,11).
Señor Jesús: hasta los demonios reconocieron que Tú eras el Hijo de Dios, lleno de gracia y de poder. Pero Te reconocían desde el rechazo a Ti, desde el odio, desde la protesta ante tu filiación y tu señorío divinos. Lo hermoso es aceptarte como Hijo de Dios con amor y con fe rendida; aceptarte en plenitud de entrega a Ti. El Padre Te aceptó desde la eternidad con el Amor generativo y eterno del que Te posee desde siempre en el amor ingenerado del Espíritu Santo.
Cuando nosotros te aceptamos por amor en nuestras almas como Hijo de Dios unigénito, imitamos imperfectamente al amor de acogida del Padre y del Espíritu Santo por Ti.
Te confesamos con amor como Hijo de Dios. Te aceptamos para siempre como Señor, como amor salvífico. Queremos ser tuyos para siempre sin nunca rechazarte. Sé Tú nuestro del todo.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.