Jueves de la 3ª Semana
Conversión de San Pablo
CONVERTIDOS PLENAMENTE
Todo fiel cristiano y, más aún, todo dirigente eclesial deben ser hombres que se han convertido plenamente a Cristo y que cada día siguen convirtiéndose a Él más y más. Saulo, el perseguidor de Cristo y de los creyentes primitivos, queda cegado por el resplandor glorioso de Jesús glorificado y oye su voz poderosa: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hch 22,7). La conversión de Saulo a Cristo es radical y comienza enseguida a «ser testigo de lo que ha visto y oído» (Hch 22,15) ante los hombres, sus hermanos.
El fiel y el dirigente eclesial, que aceptan la fe, además de convertirse a Cristo, se convierten en servidores de los demás y predicadores de las buenas noticias de Jesús: «Proclamad el evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Para Pablo, enamorado de Cristo, ya no existe nada más que Jesús, crucificado y glorificado, que nos enriquece con los dones maravillosos de su salvación y con sus poderes y carismas.
El nuevo evangelizador acompaña su fe con señales: echará demonios en nombre de Cristo, hablará lenguas nuevas, iluminado con la revelación del Espíritu, impondrá las manos a los enfermos y quedarán sanos (Mc 16,17-18). Y, finalmente, el dirigente convertido será un hombre de la unidad eclesial en torno a Cristo, y no hombre de la división de los cristianos en torno a personas y doctrinas desequilibradas por la ceguera y la pasión.
Pidamos conversión para los dirigentes cristianos, Que apoyan la división en iglesias separadas e irreconciliables. No son dirigentes como San Pablo, el apóstol de la unidad en Cristo.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.