Jueves de la 13ª Semana
PODERES PROFÉTICOS, SACERDOTALES Y REGIOS
Al lado de los poderes sacerdotales de Cristo, recordamos sus poderes proféticos y regios, propios del Supremo Maestro y del Dominador y Señor de todo. Sus poderes proféticos nos transmiten mensajes de salvación y de amor, avisos para nuestra corrección y enmienda y aliento para nuestro futuro.
No siempre son aceptados los poderes proféticos de Dios cuando se comunican a los hombres. Pero el oficio del profeta es anunciar el mensaje recibido del Señor para que la palabra de Dios, no esté encadenada (2 Tm 2,9). Anunciar lo que Dios quiere trae con frecuencia disgustos; pero hay que agradar a Dios antes que a los hombres. Cristo mismo, el mayor de todos los profetas, experimentó la oposición radical de los judíos a muchos de sus mensajes.
Los poderes regios de Cristo también se manifestaron en su vida de «Rey de reyes y Señor de señores» (Ap 19,16). Poder real es el de Cristo sobre las enfermedades y los elementos. Él puede ordenar al enfermo de parálisis: «Ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mt 9,6). Los poderes regios de Cristo perduran siempre y se han de ejercer también hoy en la Iglesia y en el mundo, aunque tropiecen con la oposición contestataria y terrena.
P9r sus poderes sacerdotales y santificadores, Cristo perdona nuestros pecados. Él perdona las faltas personales del paralítico: «Ánimo, hijo, tus pecados están perdonados» (Mt 9,2). Los poderes sacerdotales de Jesús se extendieron a la ofrenda de su propia vida como víctima. Ante Cristo, su Padre no detuvo su mano, cuando llegó la hora de su inmolación y sacrificio. Isaac no fue sacrificado por su padre Abrahán, porque Dios le ofreció un cordero para el sacrificio y le dijo: «No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada» (Gn 22,12). El Padre del cielo no se reservó a su Hijo y en su ofrenda sacrifical todos hemos sido bendecidos mucho más que en el sacrificio de Abrahán (Gn 22,18).
¡Gracias, Jesús, por tu entrega sacerdotal hasta la muerte por nosotros! Te reconocemos como nuestro gran Profeta, Sacerdote y Rey. ¡Ojalá que Tú, oh Cristo, continúes hoy con poder y fuerza tu ministerio profético, regio y sacerdotal a través de tus fieles discípulos, que Tú elegiste como continuadores de tu tarea en la tierra!
El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.