Jueves 6 de marzo

6.03.25

Jueves después de Ceniza

ELIGE LA VIDA Y VIVIRÁS

La Cuaresma es tiempo para amar y obedecer la voluntad de Dios, nuestro Padre. El Deuteronomio relaciona «amor a Dios» y obediencia al Señor (Dt 30,16.20). El que obedece a Dios está amándolo. Al decirle: «Dios mío, ¿qué me mandas?; ¿qué quieres que haga?, o ¿qué deseas, Señor, de mí?», estoy mostrándole amor. Dios nos habla principalmente de la obediencia a su persona, antes que de obediencia a sus normas legales o a sus preceptos moralizantes, y de amor a su persona antes que de amor a sus leyes.

En Cuaresma y siempre Dios nos invita a convertirnos a la persona de Cristo antes que a unas normas o a un decálogo. Al elegir la obediencia personal a Dios, a sus deseos, estamos eligiendo simultáneamente la vida: «Os pongo delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Elige la vida y vivirás tú y tu descendencia» (Dt 30,19). Esta opción por la vida no es la elección de un principio abstracto; es un compromiso personal con Dios, es convertirse a Él, amarlo, escucharlo, entregarse a Él sabiendo que «Él es tu Vida» (Dt 30,20).

En la conversión a Dios, Él nos da una «vida nueva», diferente de nuestra vida biológica y de nuestra vida amoral, pecadora, mundana y egoísta. Precisamente, cuando comenzamos a morir a nuestra vida carnal y pecadora, empezamos a vivir la vida de Dios y la salvación que Cristo nos trae: «el que pierda su vida por mi causa la salvará» (Lc 9,24). Cargando cada día la cruz de Cristo (Lc 9,23) vamos participando de su muerte para entrar en su Vida.

«Señor Jesús: ayúdame a que te siga en tu camino hacia tu Pascua y tu muerte redentora, con obediencia y con amor al Padre, muriendo a mí mismo para que pueda participar también de tu resurrección, de tu vida y de tu gloria».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.