Jueves de la 5ª Semana
ELIGE LA VIDA DE DIOS
El rey Salomón, de mayor, dejó que sus numerosas mujeres le desviaran el corazón tras otros dioses falsos (1 R 11,4), y «El Señor se encolerizó contra el rey, porque había desviado su corazón del Señor Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces» (1 R 11,9). Si queremos recibir la vida de Dios, hemos de amarlo escuchando su voz, pegándonos a Él, pues Él es nuestra Vida (Dt 30,20). Elegir la vida es elegir a Dios mismo.
La mujer siro-fenicia del evangelio eligió la vida de Dios que se le reveló en Jesús, y la pidió para ella y para su hija poseída por un espíritu impuro (Mc 7,28). Por su oración y su fe, el espíritu salió de su hija (Mc 7,29-30) según la palabra dada por Cristo. Su vida divina en nosotros aleja la muerte del pecado y al demonio. Nosotros elegimos gozosos la vida que Jesús nos ofrece y nos da.
No nos basta con la vida natural, don maravilloso de Dios Padre y Creador. Él quiere regalarnos otra vida mucho más valiosa, divina y para siempre.
Siempre existe el riesgo de Eva y Adán, que perdieron la vida de Dios en ellos. Estemos vigilantes para que el enemigo no nos robe la vida que dura para siempre.
Señor Jesús: abrazamos la vida nueva y renovada, que Tú nos ofreces; queremos vivir de tu Vida, que es plenitud y bienaventuranza sin final. ¡Gracias por regalárnosla!
«Por Mí, amados míos, tenéis acceso al Padre y a la vida eterna, que reside en Él. Aprovechad el tiempo fugitivo para amarme y llenaros de mi vida y de mi Espíritu. Pedidme por los que malgastan su vida, su eternidad y su tiempo, enfangados en el pecado. Se termina pronto la figura de este mundo y urge salir del sueño. Apresuraos a vivir mi Vida, para que no perezca la vuestra para siempre».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.