Jueves 3ª Semana de Cuaresma
ESCUCHAD MI VOZ
Nos dice el Salmista de parte del Señor: «¡Ojalá escuchéis hoy su voz!» (Sl 94/95,7). Dios se hace palabra y mensaje, orden y profecía para comunicarse con su pueblo: «Esta fue la orden que di a mi pueblo: Escuchad mi voz» (Jr ,23). Se trata de un mandato obligatorio para todo el pueblo. Dios nos habla para comunicarnos sus caminos de salvación y para que nos vaya bien (Jr 7,25b) en nuestros días. La Sagrada Escritura, los salmos, los profetas, el mismo Hijo de Dios hecho hombre, nos mandan los mensajes vivificadores de Dios.
Hasta los demonios escuchan el mandato de la voz del Señor y se someten a ella: «Jesús echó a un demonio, que era mudo, y apenas salió el demonio, habló el mudo» (Lc 11,14). Los contemporáneos de Jesús se resistían a aceptar su mensaje como voz de Dios y llegaron a atribuírselo al príncipe de los demonios (Lc 11,15), antes que ceder y admitir que era con el dedo y el poder de Dios (Lc 11,20) como Cristo y sus discípulos arrojaban los demonios. Lo más grave se deriva de que el que no recibe a Cristo como verdad de Dios, está aceptando la mentira del demonio, y que el que no está con Cristo (Lc 11,23), está con su enemigo.
Dios sigue «enviando sus siervos, los profetas» (Jr 7,25), día tras día y año tras año; pero, se queja el Señor: «no me escucharon ni prestaron oído: fueron peores que sus padres» (Jr 7,26). Los santos nos actualizan el mensaje profético de Cristo y nos resistimos a oírlos. Cristo no sabe ya a quién enviamos para que le escuchemos y, tal vez, por esto acude a María, su Madre, para que la escuchemos y nos salvemos. María, la gran profetisa de Dios, nos ofrece, desde su discreción, las verdades sencillas de nuestra salvación con más claridad y abundancia que nuestros predicadores (Medjugorje). ¿Sabremos escuchar a los profetas de Dios o seguiremos sin escarmentar (Jr 7,28)?
Madre y Señora nuestra, María: sigue con tu magisterio profético, continuo y poderoso en la Iglesia, enviándonos esos mensajes, que repiten los mensajes de tu Hijo. Ayúdanos a comprenderlos, abriendo nuestros oídos a la conversión y a lo que ya está revelado en Jesús y aún no hemos entendido. Líbranos de los falsos profetas, que quieren sembrar la confusión y la rebeldía en la Iglesia de tu Hijo.
«Hijos míos: mis mensajes de Madre no son míos; son de mi Hijo, que me hizo su Madre, su colaboradora íntima y su portavoz. Hoy como ayer, yo os repito lo que dije en Caná a los sirvientes: «Haced lo que Él os diga». En el evangelio y en la Iglesia se repite el mensaje salvador de mi Hijo. Escuchadlo cada día».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.