Jueves 6ª Semana de Pascua
CRISTO, NUESTRO GOZO
En el jueves de la sexta semana de Pascua sigue celebrándose en muchos sitios la Ascensión del Señor a los cielos: «Dentro de un poco no me veréis» (Jn 16,16). La manifestación visible de Cristo a sus discípulos va a concluir con su Ascensión a los cielos: «Me marcho al Padre» (Jn 16,17), les dijo Jesús.
Ante la marcha de su Maestro los apóstoles «lloran y se lamentan» y «se entristecen» (Jn 16,20a). Lo admirable de la tristeza con Cristo es que no se aumenta ni crece indefinidamente ni ahoga al que la padece, sino que en los seguidores de Jesús «la tristeza se convierte en alegría» Un 16,20b), El gozo de Cristo glorifica do desborda hasta sus discípulos perseguidos y atribulados, que empiezan a vivir la alegría de la fe en sí mismos y en los que se convierten a Jesús: «Otros muchos corintios que escuchaban, creían y se bautizaban» (Hch 18,8). Eran las primitivas comunidades, que vivían con el gozo del Resucitado.
Cristo va a desaparecer de nuestra mirada, pero no de nuestra vida: «creyendo en Él, sin verlo, sentimos un gozo indecible, radiantes de alegría, porque obtenemos el resultado de la fe: la salvación» (1 P 1,8). La esperanza de reunirnos con Cristo, en el otro «paso» de nuestra existencia terrenal, también nos alegra: «que la esperanza os mantenga alegres» (Rm 12,12). La esperanza de nuestro llamamiento (Ef 1,18) y la gloriosa herencia destinada a los creyentes convierten nuestra tristeza en alegría espiritual. «La eficacia de la poderosa fuerza» de Dios (Ef 1,19) también alegra nuestro corazón de creyentes.
María, Madre de Jesús y causa de nuestra alegría: haz que nuestros espíritus se gocen en Dios nuestro Salvador. Llénanos de tu alegría santa, que se regocija con las cosas grandes que Dios hace en nosotros por tu medio, Que la alegría por la resurrección de tu Hijo, que compartiste con los discípulos Un 20,20), la compartas y comuniques con nosotros para que nuestras tristezas se conviertan en alegría y podamos atestiguar que Cristo es nuestro gozo para siempre.
«No os acobardéis, hijos míos, por los sufrimientos y las pruebas de vuestra existencia terrenal. Yo, vuestra Madre, os animo, porque os espera un gozo inacabable e inmenso. Ahora os esforzáis por servir a Jesús y a vuestros hermanos con vuestro trabajo y cansancio. Pronto llegará vuestro descanso y vuestro gozo en la patria feliz y definitiva. Yo os espero aquí con amor de Madre, queridos y agobiados hijos míos».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.