Jueves 9 de noviembre

9.11.23

Jueves de la 31 ª Semana

Basílica de Letrán

SANTIDAD, ECLESIALIDAD, CRISTIFICACIÓN

Los movimientos cristianos como porciones vivas de la Iglesia no pueden carecer de tres características propias de cualquier movimiento cristiano: la santidad, la eclesialidad y la cristificación.

Uno de los fines de los movimientos cristianos es promover la santificación de todos sus miembros, invitándolos a participar de la santidad de Dios. A imitación de los templos materiales, que son consagrados para el culto y la santificación de Dios, así también los creyentes, los grupos y comunidades cristianas han de fomentar en ellos la santidad y la unión perfecta con Dios en el amor y en la entrega. «Vosotros sois edificio de Dios» (1 Co 3,9), decía San Pablo a los fieles de Corinto. Y añadía: «El Templo de Dios es santo, y ese templo sois vosotros» (1 Co 3,17).

Para lograr la santidad en los grupos eclesiales, hemos de luchar para desterrar de ellos el pecado, la corrupción, la tibieza, la pasividad, el conformismo y las medias verdades en que se sustenta. A veces, los responsables tendrán que tomar en su mano un azote de cordeles, como Cristo en el Templo (Jn 2,15), para expulsar a los animales de la Casa de Dios, que deberían ser nuestras comunidades en el Espíritu.

Otra nota esencial en los grupos cristianos es su eclesialidad. No somos grupos aislados e independientes, sin conexión entre nosotros, con otros grupos cristianos y con la Jerarquía eclesial. No somos sectas separadas. Somos Iglesia. Entramos «como piedras vivas en la construcción del Templo del Espíritu (1 P 2,5) y tenemos que mantener los lazos de unión y cohesión con todas las porciones que forman el Cuerpo unido de Cristo, que es la Iglesia. Un grupo cristiano, que no viva la eclesialidad con todos los miembros de la Iglesia y que no esté abierto a un ecumenismo fraterno e integrador, no marcha correctamente.

San Pablo sentía la eclesialidad como un don de unidad entre todos los creyentes: «Los hermanos de Roma salieron a recibirnos al foro Apio» (Hch 28,15). Los grupos sin sentido eclesial se empobrecen.

La cristificación, esto es, la transformación constante y progresiva en Cristo es característica esencial de todo grupo cristiano que va por buen camino. En la barca de cada grupo, Cristo tiene que entrar (Mt 14,32) y hacerse presente para que avance hacia su meta y no se hunda. Jesús tiene que convertirse en el capitán y el Señor de cada barca, de cada grupo, de cada creyente. En las comunidades cristianas, nadie puede poner otro cimiento, fuera del ya puesto, que es Jesucristo (1 Co 3,11). Cuando en un grupo -barca o templo- cristiano mora Cristo, Él nos va transformando en imágenes vivas suyas, nos cristifica y nos hace hijos en el Hijo.

Señor Jesús: haznos templos tuyos santos, eclesiales, cristificados. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.