Lunes de la 13ª Semana
DIMENSIÓN SOCIAL DEL PECADO
El pecado daña radicalmente al pecador, pero no sólo a él. No somos perfectos ante Dios y nuestros pecados nos hacen más injustos en su divina presencia y dañan a los demás. El pecado tiene un alcance social. Las dimensiones colectivas del pecado no se subrayan suficientemente. El pecador se daña a sí mismo y a los otros.
El profeta Amós dice que el pecado del injusto hace daño al justo, al que se le vende por dinero y se le traiciona (Am 2,6), y al pobre, al que se le oprime contra el polvo (Am 2,7). Con el pecado de adulterio se profana la santidad de toda la familia, y, al comer y beber el producto de las injusticias en el Templo de Jerusalén (Am 2,8), se profana la santidad del lugar santo y se actúa negativamente sobre los que acuden a orar.
El pecado no afecta sólo al individuo que lo comete; influye negativamente en la sociedad donde se vive; (el fumador no se contamina a sí solo; contamina también los pulmones de los demás y los ambientes cerrados). El pecado tiene un alcance de deterioro social y religioso.
¿Por qué hoy no castiga Dios al mundo actual, donde existen tantas Sodomas y Gomorras? Sencillamente porque Dios ha encontrado al Justo, encarnado en su hijo Jesús, que ha pagado por los pecados del mundo y nos descontamina espiritualmente. Y, junto a Jesús, está María Virgen, purísima y santa, que intercede ante Dios «por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte». Y con Jesús y María claman ante el Padre cientos de justos, que hacen penitencia, para que Dios se apiade del mundo enfangado en sus pecados.
Dios se compadece del mundo pecador gracias a los que Cristo justificó con su sangre y que Le siguen generosamente, sin tener donde reclinar sus cabezas (Mt 8,20) y que, olvidándose de sus muertos (Mt 8,22), caminan con el que está vivo para siempre.
¡Gracias, Señor Jesús, porque tu justicia y santidad tienen alcances sociales y cósmicos y alcanzan a tantas personas, que Tú haces santas y justas al seguirte! ¡Gracias, Señor, porque la santidad de tu Madre María influye tan beneficiosamente en un mundo contaminado por el pecado! Reprime, Señor, el influjo espiritual negativo del pecado de los hombres, que rompe tantas familias, hunde en la miseria a los pobres y envenena el ambiente de santidad, que Tú nos quieres comunicar. Haznos corresponsables ante los demás, para que no les dañemos con nuestro pecado y con su impacto comunitario negativo.
«Os quiero purificar con el fuego de la penitencia, de mi santidad y de mi Espíritu. Dejad que queme vuestro pecado. Después de la prueba del fuego, separaré el oro y la plata de la santidad de la paja de las malas obras, que arderán en el horno encendido para siempre».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.