Lunes de la 10ª Semana
EL DIOS DE TODO CONSUELO
El salmo 121 nos recuerda que el auxilio verdadero y el consuelo profundo «nos vienen del Señor» (Sl 121,2). El profeta Elías experimenta los ataques y la persecución de los hombres, pero, en cambio, recibe la ayuda, el consuelo y la alimentación milagrosa de parte de Dios, cuando perseguido se fue a vivir junto al torrente Carit, que quedaba cerca del Jordán, Los cuervos le llevaban el pan por la mañana y carne por la tarde y él bebía del torrente (1 R 17,5-6).
En Dios está la fuente del gozo y la bienaventuranza perdurable y duradera. El que posee a Dios es bienaventurado.
Los santos, que poseen a Dios, son bienaventurados en medio de las tribulaciones. La misericordia de Dios se convierte en paz y bienaventuranza en medio del dolor del hombre. El pobre de espíritu y de bienes materiales es dichoso porque Dios se le convierte en su riqueza y en su reino (Mt 5,3). El que sufre con Dios en su corazón, se hace dueño de la tierra de los violentos y de la interior tierra rebelde de su corazón (Mt 5,4). El que llora en la compañía amorosa de Dios, tiene en Él la fuente de todo consuelo y, por eso, será consolado (Mt 5,5). Los que tienen hambre y sed de justicia verdadera, serán saciados con la santidad y la justicia del mismo Dios (Mt 5,6). Los que ejercen la misericordia con la compasión y el poder de Dios, ellos mismos alcanzarán la misericordia compasiva de su Señor (Mt 5,7). Aquellos, a los que Dios les limpie el corazón, descubrirán dentro y fuera de sí mismos el rostro beatificante de su Padre celestial (Mt 5,8).
Los que trabajan por la paz, terminan llenándose de la paz inefable de los hijos de Dios (Mt 5,9). Los perseguidos por causa de Jesús, participan de los dolores y, a la vez, del triunfo del Señor resucitado y glorioso.
Señor Jesús: Tú mismo eres nuestro gozo y nuestra bienaventuranza. No permitas que busquemos lejos y fuera de Ti la dicha y la felicidad verdaderas. Amén.
«Si me seguís, Yo mismo os haré dichosos y bienaventurados con una dicha que el mundo no os puede dar. Yo mismo os daré consuelo en vuestras penas; fortaleza en vuestras debilidades, amor que no muere en medio del odio y desamor de los hombres del mundo. Vivid en Mí y tendréis mi gozo y mi paz».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.