Lunes 11 de diciembre

11.12.23

Lunes 2ª Semana de Adviento

LA ALEGRÍA DE LA SALVACIÓN

Hay motivos de alegría humana superficiales y epidérmicos, que pronto se pasan; pero existe también una alegría profunda y duradera, el gozo de la salvación: «He aquí que nuestro Dios viene y nos salvará» (Is 35,4). El motivo de la alegría de la redención se asienta en Dios mismo: «Dios viene en persona, os resarcirá y os salvará» (Is 35,4). Se da el encuentro salvador de Dios con el hombre, y el hombre se regocija con toda razón: «Florecerá como flor de narciso; se alegrará con gozo y alegría» (Is 35,2).

Dios nos trae en Jesús una salvación para el hombre completo: para su alma y para su cuerpo. En Cristo es «el poder del Señor el que lo impulsa a curar» (Lc 5,17) a las almas y a los cuerpos. Jesús sana primeramente el alma al paralítico que le presentan: «Hombre, tus pecados están perdonados» (Lc 5,20). Esta salvación para el alma sigue llegando continuamente a los hombres de todos los tiempos a través de los sacramentos del Bautismo y de la Reconciliación: «Hombres y mujeres, vuestros pecados están perdonados». La alegría de la salvación llega así a los pecadores y «el desierto y el yermo se regocijarán» (Is 35,1).

Cristo viene a salvar al hombre entero; también a su cuerpo: «saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará» (Is 35,6). Al paralítico del evangelio de hoy, Cristo le dice: «Ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa» (Lc 5,24). La alegría de la salvación de Cristo alcanza a nuestro cuerpo aun antes de la resurrección final y gloriosa de los cuerpos.

Tenemos que recorrer el camino de la salvación con gozo, caminar hacia la Casa del Padre con alegría. Tenemos una «vía sagrada» (Is 35,8a), que es el mismo Cristo, camino que nos lleva al Padre (Jn 14,6). Por él no pasarán los impuros (Is 35,8b); pero por él sí caminarán los redimidos y los rescatados del Señor (Is 35,9) y vendrán a la celestial Sión con cánticos, y en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y regocijo (Is 35,10).

Señor Jesús: concédenos vivir el gozo de tu salvación. Que mostremos ante el mundo la alegría de los que se saben redimidos y salvados por Ti.

¡Nuestra Señora de la Alegría: ruega por nosotros y alegra nuestros espíritus decaídos con tu gozo inacabable! Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.