Lunes 12 de agosto

12.08.24

Lunes de la 19ª Semana

CAÍ ROSTRO EN TIERRA

Dios es imprevisible y sorprendente en sus manifestaciones. Puede mostrarse nimbado de resplandor, como apariencia visible de su gloria (Ez 1,28), tal como lo contempló el profeta Ezequiel. El vidente, «al contemplar la gloria de Dios, cayó rostro en tierra» (Ez 1,28b). Cuando presentimos la presencia de Dios, caemos sobre nuestro rostro y lo adoramos, abrumados por su grandeza.

Cuando, en cambio, Dios se nos manifiesta de modo humilde, como Hijo del hombre que va a ser entregado en manos de los hombres y va a ser muerto (Mt 17,21-22) en cruz, entonces, caemos avergonzados rostro en tierra y le adoramos poniéndonos con humildad a su servicio.

Al ver que Jesús lee los secretos de los corazones y que conoce la pregunta que los recaudadores le habían hecho a Pedro sobre el tributo para el templo, reverenciamos y adoramos a Jesús, como Hijo del Rey celeste que no cobra tributos a sus hijos. Y, cuando vemos que Jesús sabe de antemano que en la boca del primer pez, que recoja Pedro en el lago, hay un didracma de plata para pagar el tributo por Pedro y por Jesús (Mt 17,26), nos llenamos de sorpresa por la sabiduría divina de Jesús y lo adoramos de todo corazón.

Te adoramos, Te reverenciamos, Te damos gracias, Señor Dios, Rey celestial, Señor, Hijo único Jesucristo, lo mismo cuando Te manifiestas en gloria que cuando Te escondes en el silencio y en la humildad de las especies eucarísticas. A Ti nos sometemos, Juez del universo.

«Cuando me adoráis como Dios único en la celeste grandeza de mi divinidad os miro complacido. Pero, cuando me adoráis en el humillante suplicio de la cruz: veo que vuestra fe y vuestro amor por Mí crecen poderosamente. Vuestra adoración se convierte en amor agradecido. Cuando me adoráis en vuestras horas de prueba, entonces vuestra humilde y sumisa reverencia me llena de gozo y os amo con toda mi ternura como a hijos queridísimos».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.