Lunes 14 de agosto

14.08.23

Lunes de la 19ª Semana

CAÍ ROSTRO EN TIERRA

Dios nos pide que nos acerquemos a Él con temor reverente, con servicialidad y amor: «Que temas al Señor tu Dios, que le ames y le sirvas con todo el corazón y toda el alma» (Dt 10,12). Ante la grandeza de Dios, que todo lo llena, la postura correcta del hombre de fe es la adoración: «Al Señor tu Dios adorarás» (Dt 6,13). La grandeza de la gloria de Dios puede manifestarse en todo lugar, pues todo el mundo es estrado de sus pies. Todo lugar es válido para adorar a Dios en espíritu y en verdad (Jn 4,23).

La adoración supone un acatamiento reverente en lo más íntimo del hombre ante la gloria, el poder y la voluntad santísima de Dios. Muchas veces es útil que el cuerpo acompañe al alma en su postración ante Dios. El descanso en el espíritu tiene también mucho de rendimiento adoracional ante el peso de la santidad de Dios.

Hemos de adorar y venerar los designios del Padre y sus planes misteriosos, cuando nos conducen y nos llevan al sufrimiento y a la muerte, a imitación de Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres y lo matarán» (Mt 17,22-23). La adoración reverente ante la voluntad de Dios y sus permisiones o quereres, es grata a Él.

También adoramos gozosos las manifestaciones del poder y la sabiduría de Cristo, que conoce lo oculto y lo secreto y sabe que en el vientre del primer pez, que pesque Pedro en el lago, aparecerá un didracma de plata para pagar el tributo que le exigían (Mt 17,26). Pero si pagamos tributo a los príncipes de la tierra, con cuanta más razón hemos de pagar nuestro tributo de adoración exclusiva al Rey de reyes y Señor de señores, al Dios de toda gloria.

Te adoramos, Dios y Señor nuestro, con acatamiento filial y con reverencia amorosa, porque Tú eres la divina plenitud y la santidad más sublime. Te queremos adorar en espíritu y en verdad, desde la profundidad de tu Espíritu y desde lo más íntimo de nuestros corazones. Con rendimiento reverente y servicial nos postramos ante Ti. Acógenos como tus fieles adoradores para siempre. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.