Lunes de la 15ª Semana
LA PAZ VERDADERA
La paz verdadera es la que proviene de Cristo: «Mi paz os dejo, mi paz os doy» (Jn 14,27). Es una paz distinta de la que ofrece el mundo. La paz mundana no llega a lo profundo del ser humano; está basada en componendas interesadas y en pactos engañosos. Los contemporáneos de Isaías buscaban una paz con Dios basada en amaños y fingimientos. Le dan a Dios sacrificios e incienso execrable (Is 1,13), que Dios no aguanta, porque, a la vez, tienen sus manos llenas de sangre (Is 1,15) y sus vidas cargadas de malas acciones y ataques a los oprimidos, a los huérfanos y a las viudas (Is 1,17). Cuando hagan lo contrario en sus conductas, vendrá la paz verdadera con Dios y se harán gratos a los ojos divinos.
Esta paz verdadera la tendrán también los discípulos fieles de Cristo, que serán agradables a sus ojos, aunque no lo sean ante el mundo. Los enemigos de Cristo atacarán también a sus discípulos: «He venido a enemistar al hombre con su padre, a la hija con su madre» (Mt 10,35). Unos seguirán a Jesús y serán atacados por su causa hasta perder por Él su vida, pero, luego, la reencontrarán en la paz (Mt 10,39).
Señor Jesús: danos tu paz verdadera y profunda. Danos la vida eterna, que nadie nos puede robar. Ayúdanos a luchar contra Satanás y sus huestes y contra los enemigos de tu Reino, de tu doctrina y de tu Persona, sin perder nunca la paz.
«Donde Yo estoy reside la paz del corazón, aun en medio de las dificultades y oposiciones. No perdáis la paz santa, que se apoya en Mí. Muchos se agitan en mi Iglesia haciendo obras vistosas para su gloria y se oponen a las que verdaderamente me honran y glorifican. Yo estoy sobre todo. No perdáis mi Paz».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.