Lunes de la 11ª Semana
SÓLO TÚ ERES TODO MI BIEN
Dios no promete a sus seguidores grandes bienes de este mundo; pero sí se ofrece a Sí mismo como herencia grande en demasía. Dios va desprendiendo a sus amigos del apego excesivo a las cosas de la tierra, hasta que lleguen a descubrir que Él es todo su bien y su plenitud. El honor no es todo nuestro bien perfecto, sino sólo Dios. Por esto, no hace falta hacer frente al que nos agravia o abofetea (Mt 5,39). Nadie puede quitarnos a Dios, el Bien supremo. Jesús nos dice: «Al que te pide, dale» (Mt 5,42), porque ni la posesión ni la carencia de bienes materiales afecta a la posesión del Bien supremo que es Dios.
Ni los bienes temporales, ni siquiera la vida temporal, son el bien superior. El rey Ajab le quita a Nabot su honra, su vida y su viña (1 R 21,13-16), pero nadie le puede arrebatar a Dios como herencia ni puede el rey con su injusta avaricia adquirir el bien supremo de Dios. Y a Dios no se le suple con ninguna otra posesión o bien.
¡Dichosos los que viven y mueren en el Señor, porque nada les faltará! El Señor es todo su Bien: «¡Sólo Tú! ¡Sólo Tú!».
«Si no acertáis a valorar bien las cosas visibles de la tierra, ¿cómo vais a valorar con acierto las cosas invisibles del cielo? No apreciáis con justicia al extranjero, al enfermo, al niño, al preso y al despreciado, como Yo los aprecio y los amo. Tampoco estimáis debidamente las cosas de mi Reino. Yo os enseñaré a vivir para los bienes eternos, que jamás perecen».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.