Lunes 3ª Semana de Adviento
Propio del 18 de Diciembre
EL SEÑOR NUESTRA JUSTICIA
Vivimos con Santa María de la Esperanza en la espera gozosa «del vástago de David que hará justicia y derecho en la tierra» (Jr 23,5). Lo llamamos con el profeta Jeremías «El-Señor-nuestra-justicia» (Jr 23,6). Él nos sacará del país del pecado y de la esclavitud, nos justificará y nos llenará de la vida de su Espíritu. Se le pondrá por nombre Jesús; «Yahveh salva», porque él salvará al pueblo de sus pecados (Mt 1,21). Gracias a Él, que, aunque no tenía pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros, llegamos a ser en Él justicia de Dios (Co 5,21).
Verdaderamente Jesús es nuestra justicia, el que nos hace justos ante el Padre y nos reviste de la coraza de la justicia (Ef 6,14) para que podamos vivir seguros en Él. «En sus días se salvará Judá, e Israel habitará seguro» (Jr 23,6). Ya no esperamos otra seguridad más que Jesús.
Dios no se contenta con darnos una justificación extrínseca, como un decreto externo de perdón judicial de nuestros pecados. Dios en Cristo se hace un «Dioscon-nosotros» (Mt 1,23), que nos justifica y nos habita por dentro con su gracia. La justicia de Dios es presencia santificante de Dios con nosotros. Por eso, María es la gran justificada; está habitada y llena de la gracia que la santifica por dentro, del Espíritu Santo que la fecunda y del Hijo de Dios, que en ella mora y que proviene del Espíritu Santo (Mt 1,20).
Queremos, Señor Jesús, esta justificación radical que pone vida divina y eterna en nuestras almas. Danos esta vida por obra del Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Y Tú, Santa María de la esperanza, enséñanos a aguardar confiados la invasión de la justicia, de la santidad y de la vida de Dios en nuestra indigencia radical.
Que habite en nosotros el amor, la santidad y la belleza de Dios para siempre. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.