Lunes de la 20ª Semana
EL «TEST» DEL AMOR
Es llamativo que Cristo, en la respuesta al hombre rico, sobre qué tiene que hacer para obtener la vida eterna (Mt 19,16), le habla de los mandamientos que se refieren al prójimo: «No matarás, no cometerás adulterio, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 19,18-19). Sin embargo, no le dice una palabra sobre el primero de los mandamientos: «Amarás al Señor tu Dios con toda tu mente, con todo tu corazón y todo tu ser» (Mt 22,37). ¿Por qué así? Tal vez, porque el joven hombre pensaba que ya amaba a Dios, a quien no veía; pero había que comprobar la verdad de su amor con la prueba del amor sacrificado al hermano que veía, y al que no estaba muy dispuesto a darle nada de sus bienes. Este hombre quería obtener la vida eterna sin desprenderse de ninguna de sus riquezas a favor de los pobres (Mt 19,21-22).
Es difícil probar que este joven amaba a Dios más que a sus posesiones. Para amar al prójimo como a uno mismo, se necesita amar mucho a Dios, viviendo y cumpliendo el mayor de los mandamientos. Sin la raíz del amor a Dios no se sostiene la planta del amor al prójimo.
No es fácil amar a Dios sobre todas las cosas sin un don y una ayuda especial de lo alto. La profecía de Ezequiel nos ofrece como un «test» para ver si amamos a Dios más que ninguna otra cosa. Dios le quita repentinamente al profeta a su esposa, al encanto de sus ojos (Ez 24,16). El profeta no debe hacer luto para mostrar que Dios es lo más importante para él frente a los judíos, tan enamorados de sí mismos y del fausto de su Templo, y tan poco de Dios (Ez 24,21
¿Cómo es mi fidelidad al amor de Dios? ¿Resiste mi amor cualquier prueba y antepongo siempre el amor a Dios y al prójimo a todos mis deseos y caprichos? ¿Puedo perder casi todo sin entristecerme, porque no he perdido a Dios ni a su amor?
Danos, Señor, tu fuerza para servirte y para amarte con fidelidad. Compadécete de nuestro corazón inconstante. Concédenos el desprendimiento de nuestros bienes y de nosotros mismos por tu Reino.
«Yo soy vuestro tesoro escondido y perdurable. Yo soy la riqueza de los que se hacen pobres por seguirme. Yo os doy mi herencia eterna e imperecedera».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.