Lunes 19 de marzo

19.03.18

San José, esposo de María

UN SOLO PADRE: DIOS

Lo que los Judíos dijeron jactanciosamente ante Cristo: «Tenemos un solo Padre: Dios» (Jn 8,41), Cristo sí lo pudo decir con toda verdad. Engendrado antes de todos los siglos en el seno del Padre como su Unigénito, cuando tomó carne humana de María Virgen, siguió teniendo un solo Padre: Dios. Sin embargo, ante los ojos del mundo, Jesús iba a mostrarse como un hombre más.

San José iba a ser su padre legal y nutricio. San José iba a ser de modo sabiamente delicado «la sombra del Padre», como lo llamó un novelista polaco. A San José, sombra del Padre celeste, Jesús lo puede llamar padre con verdad, como también lo hizo María cuando dijo a Jesús: «Mira, tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Lc 2,48), después de tres días de pérdida y de búsqueda del Niño hasta encontrarlo en el Templo de Jerusalén. La respuesta de Jesús vuelve a marcar las diferencias entre el Padre celestial y el Padre legal y adoptivo: «¿No sabías que yo debía estar en la Casa de mi Padre?» (Lc 2,49).

La Iglesia, a imitación de Jesús, reconoce la paternidad exclusiva de Dios: «No llaméis a nadie padre en la tierra, pues vuestro Padre es sólo uno, el del cielo» (Mt 23,9). Nos reconocemos hijos de Dios y Le suplicamos que nos conceda la filiación adoptiva de hijos por su gracia. Pero, a la vez, con la Iglesia veneramos al padre nutricio de Jesús y padre legal del Cuerpo Místico de Cristo. San José es padre de los creyentes en Jesús y padre de muchas naciones (Rm 4,17). La Iglesia le llama al Santo José padre y protector de los que han de reproducir como sacerdotes la imagen de Jesús, su hijo legal.

Cuida, bendito San José, sobre todo, de todos aquellos a quienes tu hijo Jesús ha llamado a la vocación sacerdotal y a la vida consagrada para que sean hombres y mujeres del Espíritu, como tú lo fuiste. Configúralos como descendencia tuya en la fe (Rm 4,16), a imagen de Jesús, con su equilibrio afectivo y su entrega al servicio de los pobres y del Reino de Dios. Cuida de los más desamparados que necesitan tu apoyo paternal, como el niño Jesús.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B  –  Ceferino Santos S.J.