Lunes de la 22ª Semana
EN EL PODER DE DIOS
La vida cristiana se sostiene y apoya «no en la sabiduría de los hombres sino en el poder de Dios» (1 Co 2,5). En el poder de Dios se afirma nuestra fe; en la manifestación del poder del Espíritu radican la palabra y la predicación de San Pablo (1 Co 2,4). Con la fuerza de Dios han de tolerarse las pruebas de la vida, la debilidad del hombre y la participación en la cruz de Cristo, que no podremos llevar bien sin la ayuda de Dios y de su Espíritu.
Cristo mismo nos dio ejemplo apoyándose en sus pruebas en la oración y en ayuda del Padre y del Espíritu. Este Espíritu estaba sobre Él y Le había ungido y enviado para dar la buena noticia a los pobres, a los ciegos la vista, y a los cautivos la libertad (Lc 4,18-19). La predicación de Cristo está ungida por el Espíritu Santo. Con este poder de Dios, Cristo hace frente a la oposición, a los ataques y a la violencia que contra Él se desatan, abriéndose paso «entre los hombres de Nazaret que lo empujan con intención de despeñarlo» (Lc 4,29-30) por el barranco del pueblo.
Señor Jesús: gracias por derramar el poder de tu Espíritu en nuestras vidas. Gracias por ayudarnos con tu fuerza en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad.
«Yo vuestro Señor Jesús, quiero haceros comunidades renovadas, unidas y carismáticas llenas de santidad y de vida, que realicen en el mundo la revolución del amor que vence al mundo, a los odios, divisiones, venganzas y violencias. Mi Espíritu reunirá a esas comunidades de vida, donde Yo vivo y en donde se me anunciará con poder ante el mundo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.