Lunes de la 29ª Semana
SALVADOS POR GRACIA
La salvación de Dios no llega los hombres por sus recursos materiales ni por sus cualidades humanas. El hombre rico del evangelio, que ha tenido una gran cosecha (Lc 12,16), no puede ser salvo con lo que ha acumulado (Lc 12,20) para su vida terrena, pues no es rico para Dios. De Cristo resucitado nos vienen esas riquezas para la salvación; no de nosotros.
Él es nuestra riqueza verdadera y para siempre. Al resucitar Jesús, su cuerpo glorioso y su divinidad tiran de algún modo de los que creemos en su resurrección y comienzan a introducirnos en su vida de santidad y de gloria y somos justificados. De alguna manera misteriosa comenzamos por la fe en Jesús a ser resucitados con Él y Él es nuestra vida.
Estábamos muertos por nuestras culpas (Ef 2,1), pero, al creer en Cristo, muerto por nuestros pecados y que resucitó, recibimos el tirón del poder de su resurrección y, al vivirla por la fe, «por pura gracia estamos salvados» (Ef 2,5). Así, mediante la fe, somos resucitados en Cristo Jesús, que nos sienta en el cielo con Él (Ef 2,6). La vida del Resucitado, mediante la fe en Él, invade nuestras mentes y nuestras vidas, nuestras enfermedades y nuestros trabajos y nos renueva.
Señor Jesús resucitado: Creo que tu vida y tu resurrección llegan a todo mi ser y cambian mi existencia y la divinizan. Creo que todo lo bueno en nosotros es obra tuya (Ef 2,9) y que las buenas obras que nos mandas practicar nos las realizas Tú, unido a nosotros, los conresucitados Contigo. Gracias, Señor nuestro.
«Yo soy vuestra riqueza. Si me tenéis a Mí, nada os faltará. Yo os doy mis dones eternos y me doy a Mí mismo. Entonces mis obras santas son vuestras obras buenas. Mi herencia es vuestra herencia, y así sois ricos para Dios. Yo soy el tesoro escondido. No me perdáis nunca».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.