Lunes de la 21ª Semana
EL SEÑOR SEA VUESTRA GLORIA
El hombre tiende a glorificarse a sí mismo cuando encuentra algo bueno en él o en sus realizaciones. Incluso aprovechamos las imperfecciones de los demás para compararnos con ellos y enaltecernos. San Pablo es terminante: «El que se gloríe que se gloríe en el Señor» (2 Co 10,17). ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1 Co 4,7).
El gran pecado de los fariseos era que trataban de quitarle a Dios la gloria y la buscaban para sí mismos. Les importaba que los hombres entraran en sus escuelas rabínicas y luego «les cerraban el reino de los cielos» (Mt 23,13): Fingían largas oraciones en casa de las viudas (Mt 23,14) para buscar sus propios intereses. Buscaban prosélitos y discípulos para sí mismos y no para Dios (Mt 23,15). Validaban los juramentos que les presentaban ofrendas de oro y anulaban las más importantes de la ley (Mt 23,16-17). Estos fariseos pertenecían a la clase de hombres que buscan su propia gloria a costa de lo que sea y de Dios mismo.
San Pablo nos enseña lo contrario: «Jesús, nuestro Señor, sea vuestra gloria» (2 Ts 1,12). Dios ha de ser glorificado por todo lo que nos da; glorificado con la fe, que crece vigorosamente entre vosotros (2 Ts 1,3); glorificado con el amor de todos y cada uno que sigue aumentando (2 Ts 1,3) y se esfuerza en el servicio de Dios y de los demás.
Tenemos que glorificar a Dios también con las tribulaciones, en las críticas y en las persecuciones (2 Co 12,9-10). Cuando tratamos de glorificar a Jesús y no a nosotros, Jesús se convierte en gloria nuestra (2 Ts 1,12).
Padre del cielo: ayúdanos a ser humildes, no buscando nunca nuestra gloria, sino la tuya y la de tu Hijo Jesús, Señor nuestro. Que amemos tu honor y tu gloria más que la propia vida. Y que en la vida y en la muerte, en el gozo y en la tribulación seas siempre glorificado en nosotros. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.