Lunes 3 de julio

3.07.23

Lunes de la 13ª Semana

Tomás, apóstol

JESÚS SE PUSO EN MEDIO

Las asambleas cristianas lo son verdaderamente cuando Cristo está vivo en medio de ellas. Jesús resucitado «se puso en medio» (Jn 20,26) de sus apóstoles y les constituyó en asamblea cristiana. Él se hace el único centro de sus dirigentes reunidos. Cuando Cristo se hace presente en medio de sus discípulos, la paz nace entre ellos (Jn 20,26b) Se da también un crecimiento en la fe gracias a la presencia de Cristo entre los suyos.

Cuando Cristo no está en medio de nosotros, brotan nuestros protagonismos, nuestras exigencias y criterios personales excluyentes, nuestras divergencias agresivas y crispadas; y nuestro yo o nuestro tú se ponen en medio y lo estropean todo: la unidad, el amor, la paz y el crecimiento. Comenzamos a darnos codazos muy disimuladamente para ponernos en medio y, al quitarle a Cristo el centro que le corresponde, faltan el equilibrio, la paz y el amor, y Jesús tiene que marcharse a una esquina para llorar nuestros protagonismos.

Santo Tomás, desde su tozudez y desde su falta de fe y de humildad, quiso ponerse por delante de los otros apóstoles y ser la «estrella». El protagonismo humano busca ser el centro de las razones y de los hechos. El protagonismo recto, que Cristo promueve en sus llamadas, deja que Él lo llene todo y que llame al Tomás de turno a ocupar con Él el centro para servirle y humillarlo ante los demás. Éste es el protagonismo verdadero y con Cristo. Entonces es cuando Santo Tomás exclama: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28). Ahora es Cristo, quien manda a Tomás ponerse en el centro, humillado ante sus compañeros y creyente en Jesús como su Dios y su Señor.

Cristo quiere que actuemos a su lado y bajo su obediencia; se trata del protagonismo recto, provocado por la llamada, el don y el mandato de Cristo para una misión eclesial junto a Él y con Él. El protagonismo cristiano está subordinado a la edificación de la morada de Dios en el Espíritu (Ef 2,22), donde uno no elige su puesto; se lo dan, conservando siempre el protagonismo del Señor Jesús, «piedra angular» (Ef 2,20) y clave en la edificación de Dios.

Existe también el protagonismo escondido del cimiento humilde, el protagonismo escondido de la intimidad con Dios, como familiares suyos (Ef 2,19), el protagonismo de participar en la construcción de la Iglesia, unido como conciudadano de los santos y de los hermanos glorificados. Éste es también un protagonismo oculto y entrañable: ser amigo y hermano de los elegidos de Dios.

Señor Jesús: Tú que eres la piedra angular del cosmos y de la Iglesia, construye la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz en tus hijos divididos y dispersos. Que santo Tomás apóstol, que fue convocado a la unidad de la fe y del amor Contigo y con tus discípulos, interceda por nosotros, llamados en Iglesia única a la unidad santa de los hijos de Dios. Amén.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.