Lunes 3 de marzo

3.03.25

Lunes 8ª Semana

PROBLEMAS Y SOLUCIONES

Estamos rodeados de problemas de todo tipo: problemas de relación, económicos psicológicos, laborales, fisiológicos, espirituales. El hombre del evangelio se presenta ante Cristo con un problema espiritual y trascendente: «¿Qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17). Otros tienen problemas espirituales y psicológicos de angustia y de temor ante males inminentes, por las circunstancias adversas en su vida, ante una muerte temida. Otros tienen problemas económicos por herencias, pérdida de trabajo o de bienes o dinero. Y los problemas, muchas veces, se agravan, cuando no se hallan soluciones inmediatas para ellos o cuando las posibles vías de solución nos resultan desagradables o costosas. El rico del evangelio de Marcos se marcha triste porque no le agrada la solución que Cristo le receta: «Vende lo que tienes, dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo» (Mc 10,21).

Es importante hacer un diagnóstico exacto y acertado de nuestros problemas: ¿Cuáles son las raíces profundas de nuestros males espirituales y materiales, psicológicos y morales? Y también es esencial acertar con la terapia eficaz que remedie nuestros problemas. Las soluciones de Dios, que penetra y conoce nuestro interior y nuestro entorno, son verdaderas y poderosas. El diagnóstico de Dios, que nos conoce plenamente, siempre acierta con la raíz de nuestros males y con los remedios profundos y duraderos. «Señor: haznos conocer tus diagnósticos de médico divino y también tus soluciones y terapias que curan para siempre. Te damos gracias por tu Palabra sanadora. Haz que la aceptemos, sin resistencias. Tú nos dices hoy en tu palabra: ‘Vuélvete al Señor; abandona el pecado, suplica en su presencia y disminuye tus faltas’ (Si/Eclo 17,21). Así son tus soluciones, Señor. Queremos que se cumplan en nosotros». ¿Es que hay alguna solución mejor, más profunda y más poderosa que las que Tú nos das? Nuestras soluciones son tan pobres, tan débiles y limitadas, que poco o nada solucionan y, al fin, tenemos que acudir a los remedios eficaces y duraderos del Omnipotente, del Verdadero, del que tiene todos los remedios en su mano para curar nuestros males en el tiempo y en la eternidad.

«Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo… nos ha hecho renacer para una herencia incorruptible en el cielo» (1 P 1,3-4). Así son las maravillosas soluciones que vienen de Dios: válidas para siempre.

“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.