Lunes 31 de julio

31.07.23

Lunes de la 17ª Semana

San Ignacio de Loyola

TÚ, MI RIQUEZA

En nuestra pobreza, Dios es nuestra riqueza y nos da la abundancia de sus dones. En nuestra debilidad Dios es nuestra fuerza y protección.

Moisés, como Jeremías, como Francisco de Asís o Ignacio de Loyola, tiene en Dios su abundancia, su seguridad y su plenitud. El rostro de Moisés resplandece después que ha hablado con Dios (Ex 34,30). La gloria del Señor transforma a sus servidores, que sólo le buscan a Él y es su herencia.

Los santos buscan en primer lugar y con todas sus fuerzas el Reino de Dios. Lo demás les llega por añadidura. Ignacio de Loyola fue uno de esos hombres que, convertidos a Dios, quisieron vivir la radicalidad del evangelio y la primacía absoluta del Reino de los cielos sobre todo lo demás. Quiso dejar y «vender todo lo que tenía» (Mt 13,44.46) para vivir en pobreza radical y sólo confiando en Dios. Así lo hizo mientras vivió solo y peregrino de Dios, sin bienes ni techo ni morada.

Dios nos reclama para que le escuchemos y entremos en el descanso de Dios. Si somos «contemplativos en la acción» (S. Ignacio de Loyola), aprenderemos a servir mejor a Dios. El trabajo queda santificado cuando colaboramos con Cristo y desde Él para preparar la «nueva creación» (2 Co 5,17; Ga 6,1?). Y en la nueva creación Dios es glorificado, pues con el trabajo en novedad de vida, no somos nosotros los protagonistas de la acción. Es Dios quien trabaja en nosotros y «todo lo hace nuevo» (Ap 21,5).

Señor y Padre nuestro: ayúdanos a vivir desprendidos de los bienes de la tierra para gustar de tus riquezas inacabables, de tu amor, de tu luz y de la divina abundancia de tus dones espirituales. Tú eres la perla fina de gran valor (Mt 13,46), y para adquirirte hay que vender todo lo que tenemos y nos impide poseerte.

El Pan de la Palabra dánosle hoy” Ciclo A – Ceferino Santos S.J.