Lunes 4 de septiembre

4.09.23

Lunes de la 22ª Semana

EL PODER DEL ESPÍRITU

Jesús estuvo lleno del Espíritu de Dios. Porque Cristo era el Ungido, y el poder de Dios y su Espíritu estaban sobre Él (Lc 4,18), pudo hacer maravillas, dio buenas noticias a los pobres y afligidos, libertad a los cautivos y vista a los ciegos (Lc 1,19).

Toda la actuación maravillosa de Cristo es también obra del Espíritu, que habita en él. Creemos que ese poder del Espíritu actúa ayer, hoy y siempre por medio de Cristo en la Iglesia y en el mundo.

Por el poder del Espíritu los difuntos resucitarán en el último día y el Señor llevará con Él (1 Ts 4,14) a los que hayan muerto en Cristo Jesús. Y, por su poder, «nosotros estaremos siempre en el Señor» (1 Ts 4,17). Invoquemos este poder del Espíritu sobre nosotros pecadores. Pidámosle que no ofrezcamos resistencias, como los hombres de Nazaret, que rechazaron a Cristo. ¿Por qué no actuó Cristo en Nazaret como lo había hecho en Cafarnaún con poder y milagros? Probablemente porque encontró en el pueblo nazaretano rechazos, oposición y violencia contra Él: «Lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte … con intención de despeñarlo» (Lc 4,29). Podemos imaginar el sufrimiento de María, su Madre, cuando ella, que siempre había aceptado la palabra y los caminos de su Hijo, vio cómo lo rechazaban sus conciudadanos.

Señora y Madre nuestra, María: intercede por nosotros para que nunca rechacemos a tu Hijo Jesús ni al poder de su Espíritu, que quiere hoy como ayer actuar en la Iglesia y en el mundo. Por medio de tu Hijo Jesús te pedimos un nuevo Pentecostés entre los hombres. Amén.

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.