Lunes de la 31 ª Semana
DIOS MISMO NOS INVITA
Dios no se parece en su forma de actuar a los hombres. Nosotros invitamos a la mesa a los que nos agradan y a los que a su vez nos invitan a nosotros (Lc 14 12), Dios no lo hace así. Invita a su mesa de gloria a los que nada podemos pagarle. Dios convida a la mesa de su Reino a todos y, en especial, «a pobres, a lisiados, a cojos y a ciegos» (Lc 14,13). Dios tomó antes que nadie una opción preferencial por los pobres. Dios no nos envía tan sólo su invitación al banquete de bodas; nos regala también el vestido de gala para entrar en su fiesta.
Cuando los primeros invitados se niegan a obedecer ya asistir a la invitación de Dios, entonces «al desobedecer ellos, son otros los que obtienen misericordia» (Rm 11,30) y reciben gratuitamente la llamada de Dios: «¿Quién le ha dado a Dios primero para que Él le devuelva?» (Rm 11,34).
Acerquémonos con humildad y admiración a la mesa de Dios. Allí los ciegos beben el licor divino y usan el colirio sagrado que les devuelve la vista del alma y la del cuerpo; lo cojos comen carne del Cordero inmolado, que borra los pecados y devuelve la agilidad a los miembros tullidos; allí los pobres tienen acceso a la riqueza de Dios y salen de su miseria.
¡Gracias, Padre generoso y rico en misericordia por tu invitación a tu banquete de vida y de plenitud!
Concédenos una respuesta rápida y sin dilaciones a tu convite de gloria.
Te aceptamos a Ti, Señor Dios nuestro, verdadero manjar de vida eterna. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.