Lunes de la 18ª Semana
ALIMENTO DEL CIELO Y DE LA TIERRA
Hay y había muchos desnutridos y hambrientos en los tiempos de Moisés, en los de Cristo y en los nuestros. Algunos en el desierto recibían maná, o pan del cielo, cada día. No pasaban hambre; pero protestaban ante Dios y ante Moisés, porque les cansaba el mismo alimento diario.
Otros muchos padecen severa miseria y hambre. Pero no se trata solamente del hambre y sed material, que padecen millones de hombres en nuestro mundo; se trata también de la penuria espiritual, que alcanza a más millones de seres que las escaseces materiales de pan, de techo y de trabajo.
Cristo quiere que los hambrientos «coman y se sacien» (Mt 14,20) con los bienes terrenos; pero desea aún más que no estén en la indigencia espiritual de los bienes del Cielo, que tantos no conocen ni desean. Jesús quiere salir al encuentro de todos los que están en serio peligro de perder sus vidas y sus almas en medio de las olas y las borrascas mundanales (Mt 14,25) sin que nadie les eche una mano para que no se hundan.
Hoy se ofrecen como remedio para el hambre espiritual de los hombres falsas expectativas, propagandas engañosas y alimentos espirituales espúreos y falsificados: nuevas eras dichosas, sectas exotéricas y salvadores y profetas de falsas promesas y de expectativas vanas.
Gracias Jesús Señor y Profeta, porque Tú eres el Maestro que nos alimentas con tu palabra de verdad y con tu Cuerpo de vida.
Contigo, Señor, nunca tendremos hambre ni sed y Tú nos saciarás con tu bendita presencia y con tu gozo. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.