Lunes 2ª Semana de Adviento (Ciclo C)
PRIMAVERA MESIÁNICA
María fue la bellísima primavera de santidad, que anunciaba la llegada de los tiempos de la abundancia mesiánica. Dios quiere una nueva primavera de vida y de gracia en la Iglesia y en el mundo. «El desierto y el yermo florecerán, se alegrarán el páramo y la estepa» (Is 35,1). El Señor quiere que se refleje en nosotros «la belleza de nuestro Dios» (Is 35,2c), como se manifestó en María Inmaculada. Dios pretende que en nuestra esterilidad espiritual aparezcan los brotes primaverales y pujantes de la vida del Espíritu.
Entonces, las aguas abundantes de Dios «manarán en el desierto y sus torrentes en la estepa» (Is 35,6b). Entonces llegará la paz profunda del Espíritu hasta una humanidad airada e inmisericorde: «No habrá por allí leones, ni se acercarán las bestias feroces» (Is 35,9). Vendrá la calma y la sanación interior a los corazones y en ellos morarán «gozo y alegría, mientras que pena y aflicción se alejarán» (Is 35,10).
En la primavera eclesial del Espíritu Santo, «el poder del Señor impulsará a curar» (Lc 5,17c). En la primavera de la Iglesia los paralíticos se pondrán en pie (Lc 5,24), «saltará como un ciervo el cojo y la lengua del mudo cantará» (Is 35,6) las alabanzas del Señor. En la primavera de Cristo que viene, la fe en el poder de su divinidad se hará firme y nos llevará a conducir hasta Él a mucha gente y «a colocarla delante de Él» (Lc 5,18) como ofrenda grata a Dios. Él borrará nuestros pecados: «Hombre, tus pecados están perdonados» (Lc 5,20). La primavera de Dios florecerá en nuestras almas y en nuestros cuerpos, como sucedió con el paralítico del evangelio, al que Cristo curó en su cuerpo y en su alma, y lo envió a su casa, dando gloria a Dios» (Lc 5,25).
Señor Jesús: queremos darte gloria a Ti y a tu Padre por la primavera de santidad y de gracia, que has derramado en María Inmaculada, tu Madre. Te damos gracias por la primavera eclesial de renovación creciente en la fe, en la esperanza, en el perdón, en la unidad y en el amor en nuestros días. No abrevies, Señor, tu brazo poderoso para que traigas pronto una primavera de salvación a nuestro mundo infecundo por las heladas del pecado y por los desiertos del desamor y los enfrentamientos. Congréganos en la alegría de servirte, junto a tu Madre María.
«Yo os invito a todos a venir a Mí. Mi sol de amor y de santidad apresurará una primavera de gracia en el mundo. Salid de la fría tibieza del pecado y aceptad el fuego del arrepentimiento y del amor. Ríos de agua viva del Espíritu brotarán de vuestro corazón».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.