Lunes de la 23ª Semana
A IMAGEN DE CRISTO
Nosotros estamos predestinados a ser imágenes del Hijo de Dios. No lo hemos sido desde el primer momento de nuestro ser. Había en nosotros una vieja levadura (1 Co 5,7) del pecado de Adán. En el Bautismo se nos regaló la imagen y la vida de Jesús en nosotros. Luego, el pecado personal deterioró la imagen del hijo de Dios en nosotros y tuvimos que pasar por el taller de reparaciones espirituales en la reconciliación y la penitencia.
Cristo quiere quitar de nosotros esa vieja levadura de corrupción y de maldad (1 Co 5,8) para hacernos masa nueva y panes ázimos, a imagen de Cristo en la Eucaristía. Él nos hace a imagen suya cuando restaura nuestro cuerpo de pecado y lo sana, como sanó el brazo seco e imperfecto del paralítico al que dijo: «Extiende tu brazo, y lo hizo» (Lc 6,10). En este hombre quedó restablecida la imagen sana de Cristo resucitado y recuperó un cuerpo sano, como siempre lo fue el de María Virgen.
María también sufrió a imagen de su Hijo. A imagen de Cristo glorioso María ha sido glorificada, y también lo seremos nosotros si guardamos, como María, la imagen de Jesús en nosotros.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.