Martes 2ª Semana de Adviento (Ciclo C)
LO ACOMPAÑA EL SALARIO
Resulta consolador para el creyente y a la vez impresionante que Dios, Dueño Absoluto de todo, que merece ser servido siempre y gratuitamente por el hombre, nos diga en su Escritura santa que Él llega con fuerza y que le precede la recompensa y lo acompaña el salario (Is 40,10). En la relación personal Dios-hombre, este recibe a la vez recompensa, que no merece, y una especie de salario, no por lo bueno que el hombre realiza, sino por la obra buena que Dios realiza en el hombre y con el hombre. San Agustín decía: «Dios, al coronar tus méritos, no los corona como méritos tuyos, sino como dones suyos» (PL 33,880).
Resulta, por tanto, difícil de explicar que Dios nos diga que «el Hijo del Hombre va a pagar a cada uno según sus acciones» (Mt 16,27), y que son «dichosos los que mueren en el Señor, pues… sus obras los acompañan» (Ap 14,13) y que «serán juzgados por sus obras» (Ap 20,12), escritas en el libro del Señor. Se nos muestra que el salario de Dios es siempre muy superior a nuestras obras y trabajos buenos: «A jornal de gloria no hay trabajo grande».
Dios mismo es quien perdona nuestros pecados y borra nuestros deméritos. «Está pagado tu crimen», nos dice el Señor, «pues de la mano del Señor has recibido doble paga por tus pecados» (Is 40,2). Efectivamente, Dios ha pagado doblemente por nuestros pecados: con la sangre redentora de su propio Hijo, y con los sufrimientos ofrecidos a Dios por el hombre, con los que se completa lo que falta a la pasión de Cristo (Col 1,24) en nosotros miembros de su Cuerpo total.
Es, Dios quien busca a su oveja perdida; la introduce en su redil, y además la premia, aún cuando la acción salvífica ha sido de Dios y no de la oveja. Es Dios quien nos regala el vestido de gloria de lino finísimo, don de su gratuidad, y enseguida nos dice que «el lino representa las buenas obras de los santificados» (Ap 19,8). Grande es la misericordia de nuestro Dios, que realiza con su gracia nuestras obras buenas y luego «quiere que sean méritos nuestros sus propios dones» (DZ 81O/DS 1548) como recoge el Concilio de Trento.
Es Dios generoso y bueno y Padre de todos: Te damos gracias porque nos das un salario y una paga eterna, tan superior a nuestros méritos, que no la hemos ganado. Ha sido tu Hijo Jesús, quien nos ganó méritos infinitos, que son suyos más que nuestros, por más que nos los aplique a nosotros. Tú, Padre, sin embargo, nos haces herederos con Él de tu gloria.
¡Acción de Gracias a Ti y a tu Hijo Jesucristo, por lo que nos mereció para nosotros, pecadores!
«Yo mismo seré vuestro salario y vuestro premio. Habitaréis en mi dicha como en casa vuestra definitiva y eterna. Esforzaos, que son breves los trabajos pasajeros del tiempo presente y producen, sobre toda medida, un pesado caudal de gloria eterna y de bienaventuranza Conmigo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.