San Matías
Martes 7ª Semana de Pascua
GLORIFICA A TU HIJO
La relación del Hijo con su Padre es sublimemente íntima y profunda. La oración del Hijo con el Padre está llena de ternura y de seguridad filial en el Padre Dios, cuando le pide que le glorifique (Jn 17,1) y así el Padre sea glorificado en Jesús.
Fue Cristo mismo el que nos enseñó a glorificar al Padre y a pedir que su nombre sea siempre santificado (Mt 6,9). Los que glorifican a Dios, ellos, a su vez, son glorificados por el Padre, que inicia con ellos una vida de intimidad divina en unión con Jesucristo, el Hijo.
El Hijo fue glorificado por el Padre con actos de poder y con milagros: «por el poder que Tú me has dado sobre toda carne» (Gn 17,2a). Otro modo de glorificación del Hijo y, a la vez, del Padre, es por medio de la trasmisión de la vida eterna a los creyentes: «que Yo dé vida eterna a los que me confiaste» (Jn 17,2b). El Hijo es glorificado por el conocimiento de amor e intimidad que se les da a los que creen en Él.
Cristo es glorificado en nosotros (Jn 17,10), cuando recibimos las palabras de Dios y, en definitiva, la filiación en el Hijo y a su imagen y semejanza. Así, el Hijo es glorificado en nosotros, al ser hechos hijos de Dios.
Cristo es glorificado en nosotros, cuando, como Pablo, le «servimos con toda humildad, en las penas y en las pruebas» (Hch 20,19), «en las cárceles y en las luchas» (Hch 20,23). La paciencia en la tribulación, la grandeza de alma en las pruebas, la fidelidad en el cumplimiento del encargo que nos dio el Señor (Hch 20,24), y el amor y la entrega en el servicio, son bellos dones del Espíritu, en los que Jesús es glorificado.
Señor Jesús: deseamos que el Padre Te glorifique con la gloria que tienes cerca de Él. Que nuestras palabras y oraciones, que nuestras acciones y decisiones, que nuestros servicios sacrificados y nuestra relación con los demás se conviertan en glorificación de tu nombre. Que en medio de las desgracias de cada día Te glorifiquemos. Que busquemos siempre tu mayor gloria y que, sentado a la derecha del Padre, seas glorificado hoy y por toda la eternidad. Que María, tu Santa Madre, nos enseñe a glorificarte con santidad de vida. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.