La Asunción de María
EL SEÑOR HIZO EN MÍ MARAVILLAS
Hoy «se abren las puertas del templo celeste de Dios y dentro de él se ve al Arca de la Alianza» nueva (Ap 11,19). No se trata del arca del Testamento antiguo, que fue destruida en la toma de Jerusalén por Nabucodonosor (2 Cr 36,19). Hablamos de María, la Madre de Jesús, Arca de la nueva alianza que se conserva íntegra en cuerpo y alma glorificados ante Dios, vestida de sol y coronada de doce estrellas (Ap 12,1).
Este es el término de una historia de maravillas, que Dios hizo con ella. Fue humana María y, sin embargo, Dios la ensalzó a Madre de su Hijo unigénito, del que estuvo encinta (Ap 12,2). Por medio de su Hijo Jesús venció siempre al Dragón rojo de siete cabezas y diez cuernos de poder (Ap 12,3), que no logró dañarla en lo más mínimo y vio aplastada su cabeza por los virginales pies de la mujer.
María asociada a su Hijo al pie de la cruz, participa en su victoria sobre el pecado, la muerte y el maligno. Por el Hijo resucitado, al que vive unida, le ha llegado la resurrección (1 Co 15,21) y así, con Cristo, es vencedora del último enemigo, la muerte (1 Co 15,26). María, como Madre del Hijo de Dios, se convierte en la Madre espiritual de todos los creyentes en Jesús. Y, glorificada con su Hijo, pasa a ser la Madre de todos los que bienaventurados en el cielo la veneran y de todos los que con su Hijo han de resucitar gloriosamente.
¡Bendita tú, María asunta al cielo, entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! (Lc 1,48). A ti, que estás en cuerpo y alma en los cielos, te alabamos todas las generaciones (Lc 1,48). Dios hizo proezas con su brazo (Lc 1,51) para glorificarte en cuerpo y alma en el cielo. Y Él es el que quiere hacer maravillas en nosotros para que lleguemos a ser glorificados con María, Reina y con ella gocemos de la victoria de Jesús sobre nuestra humanidad. Acuérdate, Madre gloriosa, de nosotros mientras recorremos nuestro camino en este valle hondo y oscuro. Amén.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.