Martes 17 de septiembre

17.09.24

Martes de la 24ª Semana

JESÚS ES CARISMÁTICO

Por ser nosotros Cuerpo de Cristo (1 Co 12,27), cualquier carisma, don o ministerio que posea un creyente, Cristo, Cabeza del Cuerpo, tiene que poseerlo en plenitud. Por eso si San Pablo nos dice que Dios ha distribuido en la Iglesia, en primer lugar, a los apóstoles (1 Co 12,28), Cristo ha de ser el principal y primer apóstol o Enviado del Padre al mundo, por encima de Pedro y de Pablo, de Santiago y de Juan y de cualquier otro apóstol.

Si Dios pone en segundo lugar a los profetas, Cristo es el mayor Profeta y Mensajero de las palabras del Padre y de sus hechos prodigiosos. Al ver la gente que Cristo había devuelto a la vida al hijo de la viuda de Naín, el pueblo sobrecogido exclama: «¡Un gran Profeta ha surgido entre nosotros!» (Lc .1,16). Si en la Iglesia vienen en tercer lugar los maestros que enseñan la doctrina verdadera, Cristo ha de ser el Maestro de maestros, el que tiene palabras eficaces de vida eterna y el único que merece el título pleno de Maestro.

«Después, -dice San Pablo-, vienen los milagros» (1 Co 12,28). ¿Quién tiene mayor carisma de milagros que Jesús, que resucita a los muertos? En el evangelio de hoy leemos: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate! Y el muerto se incorporó y empezó a hablar» (Lc 7,14-15). Todo carisma de milagros (1 Co 12,10) proviene de Cristo y en todo milagro es Cristo mismo, Cabeza de la Iglesia, quien actúa prioritariamente, y no el miembro de Cristo, que colabora ministerialmente en los milagros. Cristo es el primer carismático y nada se hace sin Él. En Él se dan plenamente todos los carismas que el Padre reparte a la Iglesia de su Hijo.

Danos, Señor Jesús, los dones y carismas que hacen fecundo el servicio. Tú Señor, tuviste todos los carismas. Danos a nosotros algunos para que seamos servidores carismáticos como Tú. Amén.

«Desde vuestro bautismo he depositado en vosotros mis dones y carismas. ¿Por qué no los usáis para gloria de mi Padre? Con ellos crecen la Iglesia, la santidad de sus hijos, la unidad cristiana y la capacidad evangelizadora de los enviados. Usadlos para mi gloria y para hacer más visible mi acción en el mundo».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.