SEÑOR DE LA VIDA
El dominio de Dios se extiende sobre todo lo creado. Él es verdaderamente el Señor de la vida y de la existencia. La mujer de Manoaj era estéril y el Señor le concede la fecundidad en un hijo que llegará a ser juez de Israel (Jc 13,24-25). Zacarías, sacerdote en Jerusalén, no tiene descendencia de su esposa Isabel (Lc 1,7), pero Dios escucha sus oraciones y le promete un hijo al que pondrá de nombre Juan (Lc 1,13). En verdad, Dios se muestra como el Señor de la fecundidad y de la vida. Nada viene a la existencia sin su intervención misteriosa y santa.
Dios no se contenta sólo con dar la vida y la existencia a los hombres. Es también Señor de la historia y de los destinos de cada cual. A Sansón le destina “para salvar a Israel de la mano de los filisteos» (JC 13,5). A Juan el Bautista le traza un destino glorioso: «Será grande a los ojos del Señor…, se llenará ya de Espíritu Santo en el vientre materno y convertirá a muchos israelitas al Señor, su Dios» (Lc 1,15-16). Dios tiene planes de amor para sus elegidos, como Señor que es de los destinos de la historia y de los hombres.
Dios es también Señor de los ángeles y los envía como sus mensajeros para anunciar y realizar sus designios con los hombres. Como Señor de los ángeles, Dios envía a San Gabriel para anunciar a Zacarías el milagro del hijo deseado:» Yo soy Gabriel, que sirvo en la presencia de Dios; he sido enviado para darte esta buena noticia» (Lc 1,19). También «el ángel de Dios se apareció a la mujer de Manoaj (Jc 13,3) para anunciarle un hijo. Todos los ángeles son fieles servidores de las órdenes de Dios. ¿Cuándo aprenderemos los hombres a sometemos como ellos al Señor único de las vidas y los destinos de los hombres y del trabajo de los ángeles?
A Ti, Señor, quiero someterte mi existencia, mis días y mis horas para que cumpla fielmente tus designios de amor sobre mí. Amén.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.