Martes de la 20ª Semana
LOS «CASI» MILAGROS DE DIOS
Las actuaciones poderosas de Dios son más frecuentes de lo que pensamos. Es imposible para el hombre que una maroma pase por el ojo de una aguja, que un camello cruce la abertura de la puerta estrecha del Templo de Jerusalén (Mt 19,24) y que un rico se salve. Pero lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, que lo puede todo (Mt 19,26). El que sean muchos los que se salvan, se debe a esas actuaciones poderosas de Dios, tan parecidas a los milagros. Por eso, podríamos decir que es un milagro de Dios el que nos salvemos.
Cuando el hombre quiere salvarse a sí mismo solo, se equivoca y fracasa. El soberbio se cree capaz de hacer muchas cosas solo. Se parece a la ciudad de Tiro, criticada por el profeta Ezequiel, que se sentía suficiente, sabia, rica y poderosa para defenderse de sus enemigos sin necesidad de la ayuda eficaz de Dios. El Señor amenaza al príncipe de Tiro: «Traigo contra ti bárbaros pueblos feroces… Te hundirán en la fosa, morirás con muerte ignominiosa en el corazón del mar» (Ez 28,7-8). Sólo con una actuación ‘casi milagrosa’ de Dios podemos ser salvos de tantos enemigos. Digo actuación casi milagrosa, y no milagrosa, porque esa potente y continua acción salvadora de Dios entra en los planes ordinarios de su providencia para salvar a los hombres.
«Yo soy vuestra fuerza y vuestro poder. Soy vuestra victoria sobre los enemigos que os asedian. Confiad en Mí y en mi brazo poderoso, que hace milagros. Yo nunca os abandono».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.