María, Reina
A TU DERECHA ESTÁ LA REINA
Entre María Madre de Jesús, y su Hijo, existe un vínculo indisoluble espiritual y natural. Si Cristo es glorificado en el cielo como Rey en su trono sublime, María ha de ser glorificada con su Hijo en lo alto: «A tu derecha está la Reina revestida con oro de Ofir» (Sl 45,10). Si el reino de Jesús es eterno y no tiene fin (Lc 1,33), María ha de ser asociada para siempre como Reina con su Hijo, el Rey. Y si Jesús es reconocido como el Señor, María es llamada con justicia «la madre de mi Señor» (Lc 1,43) y Señora por medio de su Hijo. Al ser Jesús «príncipe de la paz» (Is 9,6), con razón su madre puede ser invocada como Reina de la paz.
Estamos todos invitados por Dios a participar en las bodas eternas de su Hijo: «A cuantos encontréis llamadlos a las bodas» (Mt 22,9). ¡Con cuánta más razón la primera invitada a las bodas del Hijo del Rey ha de ser María, la Reina Madre, la siempre pura y la mejor preparada para entrar con el vestido de bodas en el banquete eterno! (Mt 22,12). «Su vestido está tejido de oro» (Sl 45,14) de caridad y de virtudes; y ella «entre brocados es llevada al Rey» (Sl 45,15).
Jefté fue un juez de Israel. Tras su victoria sobre los Amonitas, consagró como tributo de agradecimiento a Dios a la primera persona que le saliera al encuentro. Ésta fue su hija única (Lc 11,34). En el Reino de Dios, María es la gran consagrada a Dios en plenitud. El Señor nos quiere también a nosotros consagrados y dedicados a Él para que podamos ser partícipes del banquete de su Reino.
Hoy queremos someternos totalmente a nuestro Rey celestial en obediencia y entrega de hijos. Te pedimos a ti, María, Virgen y Reina, que nos prepares como ofrenda grata a Dios, consagrándonos previamente a ti: «Totus tuus». » Todos tuyos», te decimos, Señora y Reina, para que nos sometas en fidelidad y santidad a tu Hijo Jesús, el Rey. Que así sea.
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo A – Ceferino Santos S.J.