Martes 23 de abril

23.04.24

Martes 4ª Semana de Pascua

LOS LLAMARON CRISTIANOS

«Fue en Antioquía de Cilicia donde por primera vez llamaron ‘cristianos’ a los discípulos de Jesús» (Hch 11,26). Los llamaron y lo eran, porque habían entregado su vida y sus bienes a Cristo, «anunciaban al Señor Jesús» a los demás (Hch 11,20), «se adherían al Señor» (Hch 11,24), eran dispersados y perseguidos por su nombre, como lo había sido también su Maestro Jesús por los judíos, que no creyeron en Él y lo ejecutaron.

Los discípulos aceptaban la Palabra de Cristo; reconocían que Él y el Padre eran uno (Jn 10,30), y que como el Padre supera a todos (Jn 10,29), también el Hijo unigénito de Dios está por encima de todos y, por eso, lo reconocían como su Señor y su Dios.

Podían sus discípulos llamarse cristianos con justicia, pues lo eran, y Cristo les había dado vida eterna (Jn 10,28) con la filiación adoptiva de hijos de Dios. Se les notaba en la primitiva Iglesia que eran cristianos de verdad, hijos del Padre y hermanos de Jesús.

Como Jesús, el Unigénito y Verbo de Dios hecho hombre, fue también hijo de María Virgen, también los cristianos nacían a la vida divina bajo la influencia de la maternidad espiritual de María y eran cristianos con ella. Las palabras del Salmo responsorial de la Misa de hoy, también se le pueden aplicar a María y a sus hijos espirituales: «filisteos, tiros y etíopes han nacido allí» (SI 87,4), en María, la nueva ciudad de Dios. «Se dirá de (la nueva) Sión: ’Uno por uno todos han nacido en ella’ el Altísimo en persona la ha fundado» (SI 87,5). María es la primera y la más excelsa cristiana, pues toda su vida es referencia a Cristo, que de ella nació como hombre. Y cristianos somos todos los que como Cristo, pero de modo espiritual, nacimos de ella. Por eso, María es también Madre de la Iglesia cristiana, Cuerpo místico de su Hijo divino. Y los grupos cristianos, asociaciones, congregaciones y órdenes religiosas pueden invocar con derecho a María como Madre y como Reina y Señora. (El 22 de abril, los jesuitas veneran a María como Reina y Madre de la Compañía de Jesús). No es de extrañar: Todo lo que es de Cristo o cristiano, es también de María, como Cristo lo fue. Y ella, a su vez, es del Padre, origen de todo, y del Hijo, porque el Padre lo puso todo en las manos del Hijo (Jn 10,29); también a su Madre.

¡Gracias, oh Cristo, porque somos tuyos, y nosotros y Tú somos de María y del Padre!

¡Que nadie nos arrebate de la mano de tu Padre Dios ni de la mano de tu Madre María!

«Yo como Madre os llevaré a Jesús, mi Hijo divino, y os protegeré para que nadie os arrebate el glorioso título de cristianos, de hombres y mujeres que son de Cristo y posesión suya. Yo fui toda de Cristo, y a vosotros, mis hijos e hijas, os hago todos de Jesús. Dejadme actuar en vuestras vidas para que seáis otros Cristos».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.