Martes 23 de enero

23.01.24

Martes de la 3ª Semana

MORADAS PARA DIOS

Donde Dios pone su morada para habitar, se produce un cambio santificador y profundo; ese lugar o esa persona se convierte en morada de Dios: «sitio codiciado por Dios para habitar, morada perpetua del Señor» (Sl 68,17). Cuando el Arca de Dios entra en la ciudad de David para sentarse en ella (2 S 6,12), esta se convierte en ciudad de Dios y en morada del Altísimo. Para que Jerusalén sea ciudad de Dios y ciudad fuerte se le exige que la habite un pueblo justo que guarda la fidelidad con su Dios (Is 26,2) y que no la convierta en morada de iniquidad y rebeldía.

Al lado de la ciudad de Dios, tenemos que hablar de familias de Dios, que también son morada suya. La familia de Nazaret es familia de Dios porque a ella pertenece el Hijo de Dios y en ella mora. La gente, que rodea a Jesús, escucha su Palabra y la cumple, también es familia de Dios: «Estos son mi madre y mis hermanos» (Mc 3,33). Más fuertes que los lazos de la carne y de la sangre son los lazos de la familia en el Espíritu, que une poderosamente a los que admiten a Cristo como Señor y Jefe y buscan y cumplen la voluntad de Dios con fidelidad.

Gracias, Padre, por tu Hijo Jesús, que al habitar en nosotros, nos transforma a su imagen en hijos amados tuyos. Gracias por las ayudas que nos prestas para hacer tu voluntad santa cada día.

«Vivid en santidad y justicia en mi presencia todos vuestros días. Vivid como hijos santificados con mi sangre. Sois mi morada y mi Cuerpo. Ofrecedme sacrificios de comunión y de alabanza, para que Yo more con gozo entre vosotros, que sois mis hermanos, mis hermanas y mi madre».

«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.