Martes de la 21ª Semana
San Agustín
BUENOS SERVIDORES DE LA PALABRA
El buen servidor del Evangelio no busca su propia gloria, sino la de Dios y desea comunicar el evangelio de vida a los creyentes para que reciban «la gloria de nuestro Señor Jesucristo» (2 Ts 2,14). El buen evangelizador no trasmite sólo bellas palabras; lleva consigo la eficacia del Espíritu, que transforma por dentro y por fuera al creyente, y comunica el poderoso amor de Jesús, «que consuela internamente y da fuerzas para toda clase de palabras y obras buenas» (2 Ts 2,16). La acción de Cristo en nuestro interior es tan poderosa que se manifiesta al exterior en obras y palabras santas y buenas.
¡Qué diferencia tan grande con los malos y orgullosos servidores de la palabra, que limpian la copa y el plato por fuera, mientras por dentro rebosan de avaricia y desenfreno (Mt 23,25)! Esos guardan apariencias y preceptos mínimos y se olvidan del derecho, de la compasión y de la sinceridad (Mt 23,23).
Señor Jesús: prepara buenos ministros de tu Palabra; que la comuniquen con fidelidad y valor; que no se busquen a sí mismos y tengan audacia para defender tu verdad y tus intereses. Que Vivan para tu gloria y la trasmitan a todos los que crean en tu evangelio. Amén.
«Quiero que poseáis la gloria que Yo recibí de mi Padre. Yo seré vuestro consuelo y os daré fuerzas para toda clase de obras buenas. Vivid en mi unidad por la fe y el amor. Servidme sin cansaros. Os amo».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo B – Ceferino Santos S.J.