Martes 3ª Semana
EL QUERER DE DIOS
En el hombre tiende a darse un apego excesivo a la propia voluntad y resistencias, desde niños, a someterse a la voluntad ajena. Sin embargo, una persona responsable se esfuerza por cumplir las órdenes y los encargos de sus jefes. Dios es el Señor Supremo de todo lo creado. Si queremos ser responsables ante Dios, tenemos que ejercitarnos en hacer su Voluntad.
Cristo es el modelo supremo de obediencia al querer del Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Mc 14,36). Y así perseveró hasta el fin, cumpliendo el querer del Padre hasta que todo quedó consumado (Jn 19,30).
Otro modelo de perfecta cumplidora del querer de Dios es María: «Hágase en mí, según tu palabra» (Lc 1,38). Su título de gloria fue el ser «esclava» fiel del Señor y de su santísima voluntad. Y cuando ella quiere que nosotros acertemos en nuestras resoluciones su consejo es: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).
La voluntad de Dios ha de ser buscada, aceptada y realizada con diligencia. Cuando David conoció que Dios deseaba que el Arca de la Alianza fuera trasladada a la ciudad de Jerusalén, la llevó diligentemente y con gozo al sitio preparado (2 S 6,17). El festejo en torno al Arca de Dios entraba también en los planes del Señor, que quería centrar el culto de todas las tribus de Israel en un único santuario.
Todos estamos programados para ser fieles cumplidores del querer de Dios. El que cumple la voluntad de Dios se hermana con Cristo y pertenece a la familia de los servidores de Dios y se parece a su misma Madre: «El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y hermana y mi madre» (Mc 3,35). De algún modo nos identificamos con María al hacer el querer de Dios; quedamos asociados a ella, que desde el cielo sigue buscando que la voluntad divina se realice en todos. Madre María, esclava obedientísima del Señor: enséñanos a cumplir siempre el querer del Padre y de tu Hijo Jesucristo.
“El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C – Ceferino Santos S.J.