Martes 6ª Semana de Pascua
EL DEFENSOR O «PARÁCLITO»
Uno de los significados de la palabra griega «Paráclíto», aplicada al Espíritu Santo (Jn 16,7), es la de «abogado defensor». Defiende el Espíritu de Dios a los creyentes de la tristeza excesiva por la próxima marcha de Jesús: «por haberos dicho esto la tristeza os ha llenado el corazón» (Jn 16,6). Nos defenderá el Espíritu Santo de los juicios, condenas, prisiones y cadenas injustas, como protegió a Pablo y a Silas (Hch 16,25-26) en la cárcel de Filipos de sus carceleros, a los que convirtió y ayudó para salvarse (Hch 16,29).
Será Defensor nuestro el Espíritu Santo frente al mundo, al que acusará con la prueba de un pecado, de una justicia y de una condena (Jn 16, 8). Nos defenderá de los que nos acusan de pecado, pues somos absueltos en Cristo. Él fue el primer defendido por el Espíritu, pues probó que en Jesús no había pecado ni blasfemia, sino la santidad de Dios y, por eso, se fue al Padre y no le vimos más (Jn 16,10).
A Cristo no le puede condenar el príncipe de este mundo; es Cristo quien le condena a él (Jn 16,11) y le vence y nos libera de su esclavitud.
El Espíritu Santo también nos defiende a nosotros, los discípulos de Jesús de los pecados y de la justicia y condena que merecíamos. Él nos santifica para que no seamos condenados. Él demuestra que Pablo y Silas habían procedido rectamente y que su juicio y su castigo fueron injustos (Hch 16,26). Él prueba que la Palabra de Dios no está encadenada y debe seguir difundiéndose. Y a nosotros ¿quién es el que nos defiende, sino el Espíritu Santo de Dios, frente a los ataques del mundo y de Satanás?
«Ven, Espíritu, Defensor nuestro, y líbranos de los ataques y de las acusaciones del mal».
«El Pan de la Palabra dánosle hoy» Ciclo C (Ceferino Santos S.J.)